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Carrera de los Dinosaurios: Blanco y gélido pedaleo

En los ocho años de realización de esta carrera de mountainbike, nunca el clima había sido tan extremo como este año 2010. Lluvia, granizo y luego nieve, cubrió de blanco la ruta.
La partida de la carrera de los Dinosaurios

Foto Francisco Ibarra

La partida de la Carrera de los Dinosaurios reunió a un millar de ciclistas.

A las cinco de la mañana sonó el despertador. Horror!!! Parecía que hacía sólo unos minutos había cerrado los ojos y ya debía abrirlos. Saltamos de la cama rápido, mi marido y yo,  y nos subimos a la camioneta, con nuestra hija de 10 meses incluida, para comenzar el viaje hacia la plaza de San Fernando.

El objetivo: Participar en el Desafío Nautika A la Conquista de los Dinosaurios, el clásico del mountainbike nacional, que en 78 duros kilómetros de pedaleo une la ciudad de la región de O’Higgins y las Termas del Flaco, en la cordillera de los Andes.

En su octava versión, esta carrera reunió en la partida a cerca de 1.400 ciclistas, repartidos en 78, 39 y 16 kilómetros.

Foto Francisco Ibarra

Foto Francisco Ibarra

El camino incluye pequeños cruces de ríos.

Yo, en esta oportunidad, no correría, pues sería parte, junto a otros dos amigos, del grupo de apoyo y logística del equipo de mountainbike La Segunda (del que los tres somos parte) y esperaríamos a nuestros ciclistas en la meta.

Dejamos a todo el equipo en la plaza de Armas de San Fernando, en un día fresco y nublado, ideal para la participación en una carrera de este tipo, pues el calor y el sol son los mejores amigos de la deshidratación y el cansancio.

El camino a las Termas cuenta con un poco más de 20 kilómetros pavimentados y el resto es de tierra, en algunos sectores bastante compacto que facilitan el pedaleo.  Pero siempre en un constante ascenso y muchas curvas.

Sin embargo, a medida que uno se acerca a la meta, el trayecto que bordea el hoy poco caudaloso río Tinguiririca, debido a la construcción de una central hidroeléctrica,  se vuelve duro, no sólo por el cansancio acumulado, sino también por la altura.

Incluso, aún quedan algunos cruces de ríos que hay que pasar pedaleando rápido, los que en las primeras versiones de la carrera eran abundantes y caudalosos. Hoy la gran mayoría fueron encausados en tuberías.

Ciclistas en la carrera de los Dinosaurios

Foto Francisco Ibarra

La nieve comenzó a acumularse en los faldeos cordilleranos.

Casi dos horas nos demoramos en llegar al pequeño pueblo de las Termas del Flaco.  El viento gélido nos golpeó la cara cuando nos bajamos de la camioneta.  Hacía mucho frío para ser casi mediados de diciembre.

Nos estacionamos frente a una hostería y entramos a tomar café,  porque estar en la calle era imposible por el viento y la baja temperatura, y porque ninguno llevaba ropa adecuada para el clima, salimos de Santiago sólo con poleras e incluso pantalones cortos.

Uno de mis amigos le preguntó a la dueña de la hostería si creía que llovería y nos respondió que sólo si paraba el viento.

Foto Francisco Ibarra

Foto Francisco Ibarra

El frío causó hipotermia en muchos ciclistas.

Pero el viento no paró y a medida que pasaban las horas el cielo se fue nublando cada vez más hasta que comenzaron a caer unas gotas gordas, que más tarde se transformaron en granizo y que finalmente fueron nieve.

No tuvimos más alternativa que subirnos a uno de los autos, encender la calefacción y esperar que llegaran los ciclistas de nuestro equipo.

El primero de ellos demoró sólo tres horas y media en completar la prueba, casi 40 minutos más que el campeón nacional Cristóbal Silva, quien en un nuevo récord se demoró sólo 2 horas y 49 minutos, pedaleando a un promedio de 31 kilómetros por hora.

Desafío Dinosaurios

Foto Francisco Ibarra

Todo el paisaje cordillerano en Las Termas del Flaco se tiñó de blanco.

A medida que llegaba cada deportista del equipo lo subíamos a la camioneta, le pasábamos un café hirviendo y esperábamos que entrara en calor para que se cambiara de ropa y se abrigara con la poca o casi nada de vestimenta que cada uno había llevado para la ocasión.

El problema era que la situación climática empeoraba minuto a minuto y los más lentos llegaban mojados, embarrados, con hipotermia, tiesos de frío y tiritando, diente contra diente, demorando en algunos casos más de media hora en entrar en calor. A todos les aplicamos el mismo tratamiento de shock: café hirviendo, ropa seca y muchas palabras de ánimo, porque en realidad la carrera se había transformado en una aventura de supervivencia.

En los ocho años de realización, nunca el clima había sido tan extremo como este año 2010. Y aunque la mayoría de los ciclistas que llegaron a la meta se prometía no volver a correr en estas condiciones, todo lo malo se olvidó el lunes siguiente cuando la organización dio a conocer un nuevo desafío: La revancha del dinosaurio blanco, una versión extraordinaria de este clásico para el 2 de abril de 2011.

Ahora sólo  queda prepararse y abrigarse adecuadamente para volver a participar de este gran desafío.

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