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Pioneras invisibles: Las primeras mujeres que desfilaron en la Parada Militar de 1967

Fue un grupo de enfermeras el que rompió barreras al participar en esta instancia tradicional de las Fuerzas Armadas.

Guía de: Mujer

La participación femenina en la parada militar de Chile se ha ido incrementado con los años, a la vez que  también aumentó el número de mujeres en las distintas ramas de las Fuerzas Armadas. Ello desde  las primeras uniformadas que pasaron por la elipse del parque O”Higgins” por allá en la década de los 60.

Fue en 1967 cuando se vivió un momento histórico:  un grupo de enfermeras de combate participó activamente en la Parada Militar. Este hito marcó no solo un avance en la presencia femenina en ámbitos tradicionalmente masculinos, sino que también visibilizó el compromiso de estas mujeres que, en plena práctica profesional, asumieron roles clave en el cuidado de los soldados y en la asistencia médica bajo condiciones difíciles.

Aquellas primeras enfermeras militares chilenas formaban parte de un cuerpo sanitario en proceso de profesionalización y expansión. El país contaba entonces con un número reducido de profesionales de enfermería, lo que hacía que la labor fuera ardua y demandante. Muchas comenzaron su formación en escuelas que recién se establecían en la década de 1960, cuando la enfermería en Chile evolucionaba hacia una disciplina científica y técnica.

parada militar 1967

Asumir el rol de enfermera de combate implicaba enfrentar condiciones diversas y complejas, tanto en terreno como en hospitales militares, donde la atención debía ser rápida, eficiente y con recursos limitados. A pesar de ello, estas mujeres demostraron coraje y profesionalismo, ganando respeto en un entorno marcado por la hegemonía masculina.

En ese contexto, la irrupción de las enfermeras en la Parada Militar de 1967 fue un símbolo de reconocimiento a su labor, visibilizando la importancia del cuidado y la asistencia que prestaban en el Ejército. Más allá de la ceremonia, su incorporación representó un cambio cultural y estructural, abriendo las puertas a la participación femenina en otros roles y responsabilidades dentro de las Fuerzas Armadas.

Durante este período, no solo enfrentaban las exigencias propias de su profesión, sino también retos sociales y laborales. La escasez de enfermeras en el país era notoria, y muchas fueron destinadas a zonas con mayor déficit por decisiones ministeriales, sin poder elegir su lugar de trabajo. A esto se sumaba la alta carga laboral y las presiones políticas que afectaban la estabilidad y los derechos de las profesionales de la salud, dificultando aún más su labor.

Hoy, estas pioneras son recordadas como precursoras cuya labor fue fundamental para fortalecer los equipos de salud militar y avanzar en la inclusión femenina en las Fuerzas Armadas chilenas. Su desfile emblemático de 1967 marcó el inicio de una nueva etapa en la que la mujer dejó de ser la gran ausente en ámbitos militares, conquistando un espacio que hoy se consolida y continúa creciendo.

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