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Caso Nanas ¿Mujeres de tercera categoría?

Honrar a quien trabaja con nosotros es un acto de nobleza que está en peligro de extinción. Por eso necesitamos reflexionar y el Caso Nanas es el mejor inicio para comenzar a cuestionarnos como sociedad.

Gran polémica ha causado en las redes sociales el video de Inés Pérez Concha, habitante de un condominio en Chicureo, quien se refirió de una forma poco cristiana, sobre el pasar de las nanas y los obreros por las calles de su residencia.

Si bien después salió la entrevista completa, donde se muestra el contexto en que dijo la desafortunada frase que la condenó al castigo cybersocial, la discusión nace porque en ese sector de Santiago el reglamento del lugar dice que los trabajadores solo tienen que trasladarse en camionetas, para poder ingresar al condominio, con el objetivo de “mantener el orden y la seguridad del sector”.

Nanas

Imagen: Alfredo Cáceres

El Caso Nanas es el mejor inicio para comenzar a cuestionarnos como sociedad.

Discriminación, clasismo y poca consciencia son palabras que han surgido entre los 140 caracteres del twitter para sancionar este acto, que ofende la dignidad de quienes se ven afectados por dicha instrucción. Quizás está bien prestarles un servicio de acercamiento a los obreros y asesoras del hogar que día a día viajan una larga distancia para llegar a trabajar, como una manera de facilitarles la vida, pero no darles la opción de caminar a sus trabajos para así evitar el contacto con los residentes, es claramente una señal de que algo está fallando en nuestra sociedad.

Cuando miro estos actos de injusticia social, solo pienso en cuál es la diferencia entre esa Inés y la Nana que les cuida a sus hijos; lo único que veo es que una tuvo más oportunidades en su vida que la otra. Porque ambas son mujeres, lloran, aman y ríen; van al baño como cualquier mortal (como también lo hace la Reina de Inglaterra) y por sobre todo ambas son seres humanos, que por educación o circunstancias económicas vivieron dos realidades completamente distintas.

¿Eso hace que una trabajadora doméstica sea menos digna y merezca ser discriminada por reglamentos vejatorios? Pues yo no lo creo.

Una salvación

Una vez más pienso en la importante labor que cumplen esas mujeres en nuestras vidas. Velan por nuestros hijos, por nuestra casa, por nuestras mascotas, por nuestro jardín; son las que mantienen una casa funcionando y transforman el caos en armonía. Si bien pueden haber buenas y malas experiencias, las Nanas son para muchos la salvación a los problemas de la vida moderna, especialmente para las dueñas de casa que trabajan afuera todo el día y que necesitan una embajadora que les ayude con la rutina diaria.

Si fuésemos un poco más abiertos de mente y corazón, y realmente fuésemos capaces de mirar con empatía al otro, estos problemas no existirían en una sociedad que se jacta de ser estable y solidaria. Porque solidaridad no significa dar un plato de comida a un pobre o dar limosna en la misa del domingo, o decir que “dono” dinero a una fundación. Implica un compromiso real con el ser humano, ser capaz de abrazarlo, incluirlo en nuestras vidas y dar lo mejor de nosotros para que esa persona también se supere y logre salir adelante, caminando juntos como iguales.

Después de todo, seas Nana o reina, todos iremos al mismo lado, nos convertiremos en abono para la tierra y lo que pase después, se los dejo a sus creencias y conciencias.

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