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Cómo la microbiota ayudó a la mujer más longeva del mundo a lucir joven

Jeanne Calment vivió 122 años y mantuvo una piel tersa hasta el final.

Guía de: Mujer

Jeanne Calment es un nombre que la historia nunca olvidará. Esta mujer francesa, considerada la persona más longeva de la historia moderna, vivió la impresionante cifra de 122 años y 164 días. Y no solo eso: durante toda su vida se mantuvo activa, con su mente clara y una piel sorprendentemente tersa. Este último aspecto resulta especialmente fascinante, pues desafió al paso del tiempo gracias, en gran parte, a su microbiota.

Nacida en Arlés, en el sur de Francia, en 1875, Jeanne atravesó una época marcada por grandes cambios y desafíos. Sobrevivió a dos guerras mundiales, fue testigo de la Revolución Industrial y de los avances tecnológicos que transformaron al mundo. Pero más allá de esos hitos históricos, lo que intrigó a médicos y científicos fue su estilo de vida: su alimentación y, sobre todo, la relación equilibrada con su microbiota, que pareciera haber sido el secreto detrás de su longevidad, vitalidad y buena salud.

La microbiota es el conjunto de microorganismos que habitan en nuestro cuerpo —principalmente en el intestino— y que cumplen un rol fundamental en la salud general, incluida la de la piel. Investigaciones recientes han demostrado que un microbioma equilibrado no solo fortalece el sistema inmunológico, sino que también mantiene la piel hidratada, elástica y más resistente al envejecimiento.

jeanne

Aunque provenía de una familia burguesa con acceso a buena alimentación y educación, Jeanne tenía una dieta rica en frutas, verduras frescas y aceite de oliva: alimentos clave para favorecer un microbioma intestinal saludable. Además, evitó el estrés excesivo durante gran parte de su vida y cultivó una vida social activa, factores que también contribuyen a mantener el equilibrio interno y externo.

Un dato curioso es que Jeanne fumó durante gran parte de su vida, pero aun así nunca abandonó la actividad física. Practicó esgrima hasta los 85 años, montó bicicleta hasta los 100 y mantuvo su mente activa con la música y la lectura. Estas prácticas, sumadas al cuidado natural de su cuerpo y al papel de su microbiota, contribuyeron a que conservara una piel tersa hasta edades avanzadas, algo que continúa sorprendiendo a especialistas y biólogos.

Hoy la ciencia comienza a comprender que la clave para una piel radiante y un envejecimiento saludable no está únicamente en costosos tratamientos cosméticos, sino en cuidar lo que ocurre desde adentro: el ecosistema microscópico que vive dentro de nosotros. El equilibrio de bacterias, hongos y otros microorganismos determina la capacidad del cuerpo para protegerse del daño ambiental, combatir inflamaciones y reparar tejidos.

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