El retorno del maquillaje ochentero: Color, brillo y cero culpa por el exceso
Guía de: Mujer
- Alejandra Lizana
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Hasta hace poco, maquillarse significaba corregir. La tendencia apuntaba a lograr un aspecto lo más natural posible: una piel impecable, los ojos apenas insinuados y los labios como un detalle discreto. Sin embargo, 2026 está marcando el regreso de una estética que muchas reconocerán de las fotografías familiares de los años ochenta: color saturado, texturas brillantes y una actitud que celebra el exceso en lugar de ocultarlo.
Lo más llamativo es el regreso de las sombras con acabados metálicos e irisados en azules eléctricos, morados y corales, tonos que antes solían reservarse para ocasiones especiales. El delineado, por su parte, vuelve a ser gráfico y protagonista, muy lejos de aquella línea casi imperceptible que dominó la década pasada. La lógica cambió: si antes el maquillaje de ojos buscaba corregir o alargar la mirada, ahora busca convertirse en el centro de atención.
Otro de los grandes signos de este revival ochentero es el rubor, que se aplica sin timidez. Tonos cálidos como el naranjo quemado, el coral vibrante y el rosa eléctrico se extienden por el rostro mediante técnicas como el blush draping, que esculpe las facciones además de aportar color. En otras palabras, el rubor deja de ser un complemento discreto para transformarse en el protagonista del maquillaje.
Los labios también recuperan protagonismo con acabados efecto vinilo, glosses de alto brillo y tonos intensos —morados, rojos profundos e incluso casi negros— que desplazan a los labiales de apariencia imperceptible que dominaron durante varias temporadas. Para quienes prefieren una incorporación más sutil a esta tendencia, los halo lips o labios difuminados ofrecen un punto intermedio entre el color vibrante y la discreción.
Lo que diferencia a esta versión 2026 de un simple revival nostálgico es el tratamiento de la piel. Mientras en los años ochenta predominaban las bases mates y de cobertura pesada, hoy la piel se trabaja como un lienzo luminoso y natural que sostiene el resto del maquillaje sin competir con él. El resultado permite que sombras intensas, rubores expansivos y labios llamativos convivan en armonía, sin que el rostro se vea recargado.
Eso sí, sumarse a esta tendencia no significa adoptar todos los elementos a la vez. El maquillaje divertido puede incorporarse de forma gradual: basta un delineado azul, un gloss brillante o un rubor más audaz para actualizar el look y adaptarlo a cada ocasión. Lo que parece indiscutible es que la belleza dejó de buscar únicamente la perfección para recuperar algo que durante años quedó relegado: el placer de experimentar y divertirse con el maquillaje.
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