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En homenaje y recuerdo de Roberto Bruce

Un compañero se fue; un colega; alguna vez un amigo. Compartí con él cinco años mientras estuvimos en la universidad, tuve la oportunidad de reírme con él y de conversar de la vida.

Veintiuno es el número de los que partieron el viernes en un vuelo sin retorno; su misión era dar a conocer las buenas nuevas de una Isla en el último rincón del mundo, que logró sobreponerse a la peor manifestación de la naturaleza: un maremoto. Pero el destino les jugó en contra y Dios los llamó sin previo aviso.

Han pasado tres días y todavía duele. Duelen las entrañas, el pecho y la cabeza tratando de entender qué fue lo que pasó. Pero cuando miro el presente, con los ojos de los millones de chilenos que se identificaron con alguno de ellos, solo puedo pensar que nada importa más que los que están en el ahora, a mi lado y que por un día más me regalan la dicha de poder compartir con ellos.

Roberto Bruce

Foto: El Mercurio

El adios a Roberto Bruce.

Un compañero se fue; un colega; alguna vez un amigo. Compartí con él cinco años mientras estuvimos en la universidad, tuve la oportunidad de reírme con él, de hacer trabajos juntos y de conversar de la vida; nos separamos, pero al verlo todas las mañanas sabía que estaba bien y feliz, haciendo lo que más le gustaba: estar cerca de todos.

Roberto Bruce es su nombre, un hombre bueno, padre de dos niñas, esposo, alegre; amante de la buena mesa, de los asados, de la pichanga y la pachanga; el animador número 1 de periodismo de la UDP.

Lamento su partida, pero más lamento no haber compartido más con él y su historia.

Por ello hoy quiero honrar su memoria y recordarles la importancia de la vida, porque a él, como a todos los que se fueron, su mayor motivación era disfrutar cada instante y ser conscientes de todos los que le rodeaban.

Descubrir todos los días un sabor distinto, un abrazo nuevo, la sonrisa de un extraño, el beso de tu madre, y el agradecimiento de aquellos a los que ayudaste, es lo que debemos valorar, porque nada más importa.

Al final de nuestros días, cerraremos los ojos y a lo mejor no alcanzaremos a decir adiós, pero si prestaste atención mientras estuviste presente, quienes te amaron te honrarán y agradecerán por haber existido y el vuelo que emprendas será alto, y tus ojos serán infinitos para protegerlos desde donde estés.

Vive cada segundo como si fuese el último y da gracias a la vida que te ha dado tanto…

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