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Esposas de Einstein: Nuevo libro expone sin secretos la turbulenta vida de su primera mujer

Es reconocida por haber dejado influencias en el mundo científico, aunque tuvo uuna vida marcada por el desamor y las tragedias

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Engaño, amor, esperanza, dos mentes brillantes, una hija desaparecida, un matrimonio de apariencias y una mujer que se queda con toda una fortuna. No es la trama de una teleserie, aunque tenga todos los ingredientes para serlo, se trata nada más que de la vida de Mileva Maric, la primera esposa de Albert Einstein y madre de sus hijos.

Mileva era una joven serbia que gracias a la extraordinaria visión de sus padres asistió a la universidad en tiempos en que era lugar casi prohibido para las mujeres, se casó con el físico más importante del siglo XX y vivió una vida escasa de alegrías, así queda de manifiesto en el recientemente lanzado libro “Mileva Einstein: Teoría de la Tristeza” de la escritora croata Slavenka Drakulic.

Su historia comenzó en 1875, cuando nació en Serbia. Desde pequeña sobresalió por su inteligencia, siendo muy destacada en casi todas las asignaturas. En 1894 ingresó al Instituto Politécnico de Zúrich, ya que no podía estudiar en su país natal, donde las universidades no admitían mujeres.

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Dos años después de haber ingresado, conoció a Albert Einstein, un estudiante cuatro años menor que ella. Comenzaron una relación amorosa y cinco años más tarde, en 1901, ella quedó embarazada, por lo que no pudo terminar su doctorado. En 1902 habría nacido su hija, Lieserf, cuyo destino aún no está claro.

Existen teorías de que la niña fue dada en adopción, mientras que otros indican que murió de escarlatina. Lo cierto es que sus padres continuaron su relación y en 1903 Mileva se reunió con su marido en Berna, donde él trabajaba en la oficina de patentes. Allí nació Hans Albert y en 1910 llegó al mundo Eduard, el tercer hijo de la pareja.

A pesar de que sobresalió en el Instituto Politécnico de Zúrich en su época de estudiante, siendo la segunda mujer en graduarse de esa casa de estudios y la única de su clase, Mileva no continuó trabajando, sino que se dedicó al cuidado de la familia.

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Aunque existen cartas entre ella y su marido que dan testimonio de que ella fue un aporte relevante para el desarrollo de las teorías de Einstein. De hecho, la correspondencia entre ambos hace mención a “nuestras teorías”.

A ello se suman las declaraciones de su hijo Hans Albert, quien dijo que sus padres pasaban largas tardes discutiendo sobre física. Pero más allá del aporte de Mileva al desarrollo profesional de su marido, lo cierto es que en 1914 estaban tan distanciados que él le propuso algo bastante rupturista para la época.

Para que su matrimonio continuara, él le pidió establecer un acuerdo que contemplaba una serie de compromisos que ella debía respetar como ocuparse de que él recibiera tres comidas diarias en su habitación, no esperar ninguna intimidad, renunciar a viajar juntos, encargarse de que su escritorio solo lo ocupara él, e incluso dejar de dirigirle la palabra si él así lo solicitaba. Ella rechazó tal acuerdo y se separaron en 1919.

Entonces él contrajo matrimonio con su prima Elsa Lowenthal, con quien le había sido infiel a su mujer desde hacía años. Ello sumado a otras aventuras que tuvo el premio nobel durante su matrimonio. Ella se trasladó a Suiza con sus hijos, viviendo años muy duros.

Finalmente, en 1919 se divorciaron y ella puso una condición que resultaría clave. “Si Albert Einstein ganaba el premio Nobel debía entregarle la totalidad de los ingresos obtenidos por ello”. Precisamente así fue en 1921 cuando el físico fue galardonado y ella recibió las 120 mil coronas suecas que correspondían al premio.

Ello le permitió vivir con cierta comodidad, aunque la enfermedad de su hijo Eduard, que a los 22 años fue diagnosticado con esquizofrenia, le demandaba grandes recursos. Y también le afectó su propia salud, tanto así que en 1948 Mileva falleció víctima de una embolia y su hijo fue internado en un hospital donde murió a los 55 años.

A pesar de que renunció a su vida profesional para cuidar a su familia, Mileva Maric sí fue reconocida en diversas partes del mundo como una mujer destacada del mundo de las ciencias. En el mismísimo Politécnico de Zúrich existe un monolito dedicado a ella, al igual que en su ciudad natal Titel, en Serbia. Además, su país en 2014 emitió una estampilla en honor a una de las primeras mujeres europeas en estudiar física y matemáticas.

Allen Esterson, coautor junto con David Cassidy de “Einstein Wife. The real history of Mileva Einstein Maric”, describe muy bien lo ocurrido con la primera esposa del físico. “Mileva no alcanzó todo su potencial científico o maestría, ni hizo realidad sus esperanzas y sueños en el matrimonio y en la vida. Sin embargo, su historia merece ser contada y su legado honrado”.

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