Gladys Deacon: La obsesiva historia de amor de la famosa socialité del siglo XX por un conde inglés
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- Alejandra Lizana
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Gladys Deacon nació en París en 1891 como la mayor de los hijos de un acaudalado matrimonio estadounidense que dedicaba su vida principalmente a viajar. Vivió en Inglaterra y fue ahí donde a los 11 años su existencia dió un vuelco inesperado
Cegado por los celos, su padre asesinó a un hombre que estaba en la habitación de un hotel de Cannes con su madre. La mujer, en tanto, se escondió en un sillón y sólo resultó herida. Sin embargo, el padre de Gladys terminó en la cárcel y tras cuatro meses de encierro salió en libertad. Pero no sólo eso: la justicia le dio la custodia de sus hijas.
Por ello Gladys se trasladó a vivir a Estados Unidos en 1893 y ahí ocurrió un hecho que marcó su vida. Estando en el país norteamericano, vió un día en el diario el anuncio del compromiso entre Charles Spencer-Churchill, el noveno duque de Marlborough, y Consuelo Vanderbilt, una rica heredera estadounidense.

En ese momento comenzó todo. Gladys se “enamoró” de aquel hombre y comenzó una obsesión que duraría décadas. Ese primer “encuentro” fue de tal magnitud que la atractiva joven le describió los sentimientos hacia el hombre a su madre de la siguiente manera: supongo que habrás leído sobre el compromiso del duque de Marlborough. ¡Oh, Dios mío, si fuera un poco mayor, podría “atraparlo” todavía! ¡Pero, pobre de mí! Soy demasiado joven, aunque soy madura en los caminos de la “brujería” de las mujeres… y ¿de qué sirve uno sin el otro?”, según indicó su biógrafo al Daily Mail.
Si bien la joven no pudo impedir el matrimonio, ayudada por su belleza, su encanto y su inteligencia -hablaba siete idiomas, amaba el arte, la literatura y la poesía- logró entrar en la vida del Conde y su mujer.
También colaboró en su plan la muerte de su padre en 1901, que le significó una herencia de US$ 200.000, lo que representaba una pequeña fortuna en esa época y le abrió las puertas de lo más granado de la vida social europea.
Así Gladys, se hizo amiga del matrimonio compuesto por Charles y Consuelo. Los frecuentaba e incluso en el palacio donde vivían conoció a uno de sus más destacados pretendientes: el príncipe heredero Wilhelm de Prusia, quien incluso le regaló un anillo, pero no obtuvo nada a cambio. Ella seguía obsesionada con el duque de Marlborough.
Pero hubo más. Su biógrafo asegura que hombres de Inglaterra, Italia y Francia, caían subyugados por su belleza. Entre los rechazados por Gladys estaba el Conde de Turín y el hijo de la reina Victoria, el duque de Connaught. El listado de candidatos incluyó, además, a un marqués, un conde, dos duques, dos herederos a duques y un embajador ruso.
Y es que Gladys Deacon fue bautizada por los socialités de la época como “la mujer más bella del mundo”. Su belleza, especialmente sus ojos azules eran admirados por todos quienes la conocían.
Sin embargo, eso mismo se transformó en su segunda opción: su belleza. Llegó a tal punto que se inyectó cera en el rostro para corregir un agujero que aseguraba tenía entre la nariz y la frente.
Estaba tan obnubilada por ello que fue a los museos y se las arregló para medir los rostros de las estatuas griegas, llegando así a las medidas del rostro perfecto según los estándares de belleza clásicos.
Pero esa misma situación le trajo problemas en su vida. Se inyectó cera de parafina en la depresión sobre el puente nasal, para formar una línea recta desde la frente hasta la punta de la nariz.
La cera se empezó a deslizar lentamente por su cara y comenzó a llenarla de manchas e hinchazones. Los grumos de parafina llegaron a sus mejillas y finalmente se instalaron en su barbilla.
Sin embargo, a pesar de aquel problema seguía conservando uno de sus grandes atractivos: sus ojos. Las personas decían que Gladys poseía una mirada magnética.
Pero volvamos a su obsesión con el duque de Marlborough. En 1907, los Marlborough se separaron. Entonces Gladys tuvo su gran oportunidad y utilizó todas sus cualidades. Así pudo comenzar una relación con el duque, la que terminó en matrimonio, claro que varios años más tarde.
Ocurre que recién en 1921, él obtuvo el divorcio y Gladys pudo concretar el sueño de su infancia: casarse con el duque de Marlborough, a los 40 años. El compromiso fue publicado en el New York Timesy generó grandes expectativas.

Gladys se convirtió en duquesa y se mudó al palacio de Blenheim para comenzar a vivir todo lo que siempre había anhelado.
Pero no todo fue feliz. A poco andar Gladys empezó a ver cómo su amado la trataba mal y ella tampoco hacía menos. Precisamente esta mujer comenzó a gritarle en encuentros sociales e incluso en una reunión lo amenazó con una pistola.
Todo eso hizo que fuera expulsada del palacio de Blenheim donde vivían, en Oxfordshire, la segunda casa más grande de Inglaterra.
Gladys fue desalojada en 1933 del palacio y presentó un pedido de divorcio en el que aseguraba que el duque la había tratado “con gran negligencia, crueldad y falta de amabilidad y que la agredía con frecuencia”. Sin embargo, el duque falleció en 1934, a los 62 años, antes de concretar el divorcio.
Entonces, Gladys decidió comprarse una casa de campo en Chacombe y se mudó allí, donde vivió recluida por 28 años. A tal llegaba su falta de contacto con el mundo exterior, que para hacer compras dejaba una pizarra en la madrugada con sus pedidos, para que los comerciantes al verla dispensaran lo necesario.
Vivió así hasta 1962, cuando uno de sus sobrinos decidió que Gladys, quien ya tenía 80 años, ingresara en el hospital psiquiátrico San Andrés, en Northamptonshire. Pero ella no estaba de acuerdo y, cuando los enfermeros fueron a buscarla, luchó sin éxito para que no la sacaran de su casa.
Finalmente pasó 15 años en aquel recinto. Ahí alimentaba a las palomas y los últimos dos años fue visitada por su biógrafo, quien incluso habilitó un Instagram con su historia.
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