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Guía para saber mirarse bien al espejo

No estamos acostumbrados a decir que nos queremos, que somos lo mejor del mundo y que nuestro cuerpo es perfecto tal cual es. Mirarse bien al espejo puede ser una gran ayuda.

Mirarse al espejo no es fácil. Ver el reflejo de quiénes somos y cómo lucimos, es un desafío diario al que en muchas ocasiones no queremos enfrentar.  Si estás leyendo esta columna, ¿cuántas veces te dices “te amo” mirándote a los ojos? Si lo haces una vez a la semana, entonces eres una iluminada.

No estamos acostumbrados a decir que nos queremos, que somos lo mejor del mundo y que nuestro cuerpo es perfecto tal cual es. Al mirarnos generalmente lo que primero vemos son los defectos. Un “este rollo lo tengo que bajar”, “esta arruga no la tenía ayer”, “qué fea que estoy”, son las frases recurrentes en nuestro repertorio matutino y, aunque no lo crean, no solo afectan nuestro ánimo, sino también cada célula del cuerpo.

Mirarse espejo

Foto: El Mercurio

Mirarse al espejo no es fácil.

Existe un japonés, Masaru Emoto, que ha realizado  experimentos en todo el mundo sobre el efecto de las ideas, las palabras y la música sobre las moléculas de agua. En palabras simples, sus trabajos han demostrado que cada intención que le damos al agua, ésta la refleja y la transforma en un bello cristal o una molécula de agua amorfa, dependiendo de la emoción que expresemos.

Si tomamos en consideración que nuestro cuerpo está compuesto por un 75% de agua, entonces debemos hacer una reflexión y pensar un minuto antes de agredirnos. Si las moléculas de agua se convierten según los pensamientos que tengo hacia ellas, imagínense lo que puede hacer con nuestras moléculas, nuestras células y nuestros átomos.

Haciendo referencia a Deepack Chopra, también habla de que las células reflejan la realidad en la que creemos. Como señala en un artículo publicado en el 2008, “creamos nuestro cuerpo como creamos nuestra experiencia en el mundo”.

Con esto quiero decir que la belleza depende de nuestras emociones también. El envase que tenemos refleja cómo nos sentimos y se transforma según nuestros pensamientos.

Si todos los días me miro y digo repetidamente “qué gorda que estoy”, “cada día tengo más arrugas”, entre otros pensamientos macabros, lo más probable es que comiencen a aparecer más arrugas y el cuerpo comience a inflarse, porque simplemente yo le di la orden a mis células de convertirse en eso.

¿Cómo revertirlo? Tan simple como mirarte al espejo fijamente, y decir por los menos 15 veces al día “soy bella y perfecta, me amo porque existo y nada lo puede cambiar”… Después de la última repetición, mírate nuevamente y descubre que tu rostro está más iluminado, estás sonriendo y ya eres un poco más feliz.

Cambiar depende de ti; tú eres dueña de construir la vida que quieras, el cuerpo que quieras, pero siempre desde el amor… porque finalmente el amor todo lo mueve, todo lo transforma.

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