La instrucción de la mujer: Uno de los textos más rupturistas de Gabriela Mistral
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- Alejandra Lizana
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Mucho antes de recibir el Nobel e incluso de convertirse en profesora, una joven Lucila Godoy Alcayaga publicó uno de sus textos más controversiales: una columna en La voz de Elqui titulada “La Instrucción de la Mujer”. El texto sigue sorprendiéndonos hoy por la relevancia de sus reflexiones.
Esa columna, publicada en 1906, consolidó a la poetisa chilena y futura Premio Nobel de Literatura como una voz adelantada a su tiempo, abogando por la instrucción de la mujer como pilar de su dignidad, autonomía y futuro.
Gabriela Mistral: una pluma revolucionaria
Mistral, con su estilo inconfundible y su ferviente deseo de cambio, denunciaba con valentía el rol tradicional y limitante que la sociedad de la época imponía a las mujeres.
Según la poetisa, la mujer instruida no solo se libera de los estereotipos que la reducen a objeto de burla o adorno en el ámbito conyugal, sino que también adquiere las herramientas necesarias para enfrentar las adversidades, incluida la lucha contra la pobreza. Para Mistral, la educación no era simplemente un derecho, sino el camino para “hacerla digna y levantarla”.
Sin embargo, su texto no solo aborda las limitaciones sociales, sino también las espirituales. En uno de los fragmentos más controvertidos de la columna, la escritora cuestiona la negativa de algunos padres a permitir que sus hijos accedan a textos científicos, temiendo que estos puedan debilitar sus creencias religiosas.
En palabras de Mistral: “¿Qué religión más digna que la que tiene el sabio?”. Con esta afirmación, la poetisa sugiere que la ciencia y el conocimiento no son enemigos de la espiritualidad, sino una forma sublime de entender y admirar la obra del creador.
La visión de Mistral iba más allá de las limitaciones de su tiempo. En un gesto audaz, proponía que las generaciones jóvenes se sumergieran en los grandes avances de la ciencia, desafiando el pensamiento teológico tradicional. “Yo le mostraría el cielo del astrónomo, no del teólogo”, afirmaba, abriendo una puerta hacia una nueva forma de concebir la religiosidad y la educación.

Su vigencia hasta hoy
Si bien la mencionada columna fue publicada hace exactamente 118 años, para muchos estudiosos de Gabriela Mistral sigue siendo “totalmente vigente”.
“Cualquier libertad o autonomía de la mujer, tanto en 1906 como en 2024, pasa por la educación, por la ilustración. Entonces, muchas de las cosas de esa columna las podrías plantear ahora también”, le dijo a BBC Mundo la biógrafa de Mistral, Claudia Reyes García.
“Porque si tuvieras que explicarle a una mujer hoy día cómo conquistar sus derechos, le tendrías que decir: instrúyase, edúquese, igual como lo hizo Mistral hace más de 100 años”, agrega.
Gabriela Mistral concluye su columna con una petición clara: más apoyo y más oportunidades para las mujeres. Este deseo, que en 1906 pudo haber parecido utópico, es hoy una realidad en construcción, pero todavía lejos de completarse.
La obra y el pensamiento de Gabriela Mistral nos recuerdan que el acceso a la educación es un derecho fundamental, que trasciende el tiempo y las generaciones. La educación no solo transforma vidas, sino que también dignifica, empodera y abre un universo de posibilidades para quien la posee.
Que su llamado a la instrucción y al conocimiento sirva como un faro para las generaciones presentes y futuras, recordándonos que solo a través del aprendizaje y la ciencia podremos alcanzar una sociedad más justa e igualitaria.
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