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La pionera olvidada: ¿Quién fue Justicia Espada, la primera ingeniera de Chile?

Rompió todos los límites en 1919 y abrió el camino para miles de mujeres.

Guía de: Mujer

Si incluso hoy, en pleno siglo XXI, estudiar carreras ligadas a las matemáticas sigue siendo difícil para muchas mujeres, cuesta imaginar lo que significó hacerlo en 1919: aulas llenas de hombres, oficinas dominadas por voces masculinas y planos que definirían la infraestructura de Chile de norte a sur. En ese escenario vivió Justicia Espada Acuña Mena (1893-1980), la primera ingeniera civil de Chile y la segunda de Sudamérica.

Ella no solo abrió un camino para miles de mujeres, sino que lo hizo con una mezcla de rigor, valentía y excelencia en un mundo que no la esperaba. Su historia hoy inspira a mujeres que buscan equilibrar carreras exigentes con autonomía y empoderamiento personal.

En una época en que recién se permitía a las mujeres ingresar a la universidad gracias al Decreto Amunátegui de 1877, Justicia estudió junto a figuras como Jorge Alessandri, enfrentando prejuicios que combatió únicamente con profesionalismo. Sus compañeros la recordaban por la precisión de sus cálculos y por planos tan exactos que la volvieron indispensable en la Oficina de Refuerzo de Puentes. No se conocen relatos de conflictos en su desarrollo profesional; por el contrario, su presencia —insólita para la época— generó respeto y admiración, demostrando que el talento genuino trasciende cualquier barrera.

justiicia espada acuña

En 1920 ingresó a la Empresa de Ferrocarriles del Estado como calculista de puentes, donde destacó durante 34 años hasta su jubilación en 1954. Uno de sus grandes hitos fue el diseño y refuerzo del Viaducto del Malleco, el emblemático puente ferroviario que soportó locomotoras japonesas Mikado, más pesadas que las originales. Justicia verificó cada unión y cada perno con una minuciosidad casi quirúrgica.

También reforzó el Puente Ferroviario del Tinguiririca, participó en obras como las estaciones Melipilla, El Monte y San Francisco del Monte, y colaboró en proyectos tan diversos como la calefacción de la Cámara de Senadores o la cúpula de la iglesia de Lourdes. Su tesis en “Proyecto de Resistencia de Materiales” la convirtió en ingeniera civil de la Universidad de Chile, un título que abrió puertas históricas para las mujeres en Latinoamérica.

Justicia Espada Acuña no solo construyó puentes físicos; levantó puentes simbólicos para todas las mujeres que vendrían después. Su titulación en 1919 marcó un antes y un después en la ingeniería chilena. En un país donde las mujeres solían estar confinadas a roles domésticos u oficios menores, ella ejerció con pasión hasta los 61 años, y hoy inspira documentales, homenajes y generaciones enteras.

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