María Magdalena: La figura que la historia malinterpretó por siglos
Guía de: Mujer
- Alejandra Lizana
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María Magdalena es una de las figuras más fascinantes y a la vez más incomprendidas de la tradición cristiana. Estuvo vinculada al círculo íntimo de Jesús de Nazaret y, según los textos bíblicos, fue testigo clave de los momentos más decisivos del cristianismo, pero su vida sigue envuelta en misterio y capas de interpretaciones posteriores.
Los evangelios canónicos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan coinciden en presentarla como seguidora de Jesús y como la primera persona que descubre la tumba vacía la mañana de Pascua, además de la mujer que unge su cuerpo.
Lucas añade que había estado “poseída por demonios”, mientras otros textos la sitúan como testigo de la crucifixión, aunque no siempre con los mismos detalles. A diferencia de muchas otras mujeres mencionadas en la Biblia, nunca se la identifica por relación con un padre, esposo o hijo, lo que ha llevado a especialistas como Elizabeth Schrader Polczer, profesora adjunta de Nuevo Testamento en la Universidad de Villanova ( Filadelfia) a sugerir que era una mujer relativamente independiente para su época.
Más allá de los evangelios aceptados en el Nuevo Testamento, los evangelios llamados “no canónicos” (textos cristianos antiguos que quedaron fuera del canon) amplían y complejizan su imagen. En ellos se insinúa una relación espiritual muy estrecha entre Jesús y María, hasta el punto de que algunos discípulos varones la desprecian “por ser mujer”, según recuerda el investigador James R. Strange.
Esos escritos la muestran como discípula destacada, receptora de enseñanzas profundas, incluso como alguien a quien Jesús instruye para convertirse en “imagen de la luz eterna e incorruptible”, según sugiere un fragmento de papiro hallado en Egipto, conocido como P.Oxy 5577.
La escasez de datos firmes ha dejado espacio para mitos persistentes. El más influyente es el que la identifica como una trabajadora sexual arrepentida, imagen difundida a partir del año 591, cuando el papa Gregorio I la confundió con la “pecadora” anónima mencionada por Lucas. No hay pruebas textuales que la describan así, pero la interpretación caló hondo en sermones, arte y cultura popular durante siglos. Esa lectura, hoy ampliamente cuestionada por los estudiosos, consolidó la figura de “la Magdalena penitente”, representada en pinturas como la de Guido Reni o en escenas a los pies de Cristo crucificado, como en la obra de Sandro Botticelli.
La arqueología también intenta arrojar luz sobre su contexto vital, pero hasta ahora no ha encontrado pruebas directas de su existencia: ni inscripciones con su nombre ni restos que puedan atribuirse con seriedad a María Magdalena.

En cuanto a suprocedencia no hay acuerdo tampoco, tradicionalmente se ha supuesto que “Magdalena” remite a Magdala, una ciudad a orillas del mar de Galilea, por lo que se habla de “María de Magdala”. Excavaciones en esa zona han sacado a la luz una sinagoga del siglo I, una piedra tallada con una menorá y complejos de agua subterránea usados para purificaciones rituales, que ayudan a imaginar el ambiente religioso y material de la época.
Sin embargo, especialistas como Schrader Polczer y Joan E. Taylor recuerdan que, en tiempos de Jesús, esa ciudad se conocía como Tarichaea en griego y que ningún evangelio la llama “María de Magdala”, sino “María la Magdalena”, lo que abre la posibilidad de que “Magdalena” fuera un título honorífico (“la Torre”) más que un gentilicio.
La ausencia de datos biográficos sólidos —no se sabe con certeza dónde nació, quién era su familia, su edad en la crucifixión ni qué ocurrió con ella tras la Pascua— explica por qué su figura ha sido reescrita y resignificada una y otra vez. Paradójicamente, esa falta de certezas también ha tenido un efecto positivo: María Magdalena se convirtió en patrona de las llamadas “mujeres caídas” y de quienes viven en los márgenes, como las personas con lepra, hasta el punto de que hospitales medievales para leprosos llevaban su nombre.
Hoy, muchas personas la ven como símbolo de aquellos cuyas voces han sido ignoradas o silenciadas. Al recuperar críticamente su historia, los estudiosos sostienen que también se rescatan aspectos olvidados de la visión de Jesús sobre la humanidad, en la que una mujer discípula, fuerte e independiente, pudo haber tenido un lugar mucho más central de lo que la tradición posterior le concedió.
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