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Mujeres en crisis de los 40: Mucho más peligrosas que los hombres

Está bien, no cambiamos a los maridos o parejas, no compramos autos caros ni tampoco nos dedicamos al deporte aventura de un día para otro, pero las mujeres tenemos nuestras propias crisis de los 40 y hay que ponerle atención.

Guía de: Mujer

Cada vez son más las mujeres que enfrentan la encrucijada de la “mediana edad” y a diferencia de lo que le ocurre a los caballeros a nosotras no nos da por cambiar a la pareja por uno más joven –aunque parece ser la tendencia en algunas cuarentonas y cincuentonas- o por comprarnos autos caros. Nosotras, en una actitud muy femenina, por lo demás, nos angustiamos y empezamos a pensar en las cosas que no logramos en lo que llevamos de vida, los asustamos por lo que le pueda ocurrir a nuestra familia.

La coach Cathy Meyer, explicó en un artículo de Huftington Post que si bien hombres y mujeres vivimos de distintas formas las crisis de la edad, la verdad es que pasamos por las mismas etapas al experimentarlas.

Crisis 40

Foto: Carla Pinilla

Lo primero es el choque. Explicado en simple, en el caso de las mujeres nos levantamos una mañana y nos damos cuenta que ya la coloración “tono sobre tono” o “las mechitas” no sirven para cubrirse las canas, que se requiere química dura para disimular el paso de los años, que por lo demás se podrá “tapar” pero nunca revertir.

La negación

Entonces, nos empezamos a sentir más viejas, pero ahí viene la segunda etapa: la negación. He escuchado mujeres afirmar con orgullo, “si yo todavía uso los mismos chalecos de cuando estaba en la universidad”, claro, como si eso fuera garantía de eterna juventud (o como si el tejido no estirara para adaptarse al cuerpo). Pero basta un día, una carrera para que no cierren el banco o para alcanzar un bus, para caer en la depresión, la tercera etapa de la crisis de la edad.

“Antes corría los 10 K y ni me cansaba”, en muchos casos eso puede ser una mentira, pero hay cierta realidad, nos damos cuenta de que el cuerpo no es lo que era…como dice Neruda, nosotros los de entonces ya no somos los mismos…y ahí nos enojamos, cuarto nivel de la crisis.

Precisamente, ese sentimiento negativo hace que nos movilicemos en muchos casos. Si lo que nos dio rabia fue un rollito en la cintura, comenzamos con la rutina de abdominales (que levante la mano la que haya perseverado más de una semana en ella) o es más compramos la máquina de ejercicios, que se transformará en el colgador de ropa más caro de la historia.

Esta etapa es una de la más delicadas, según explica Cathy Meyer, ya que muchas mujeres manifiestan aquí su resentimiento con los caballeros, porque postergaron sus carreras en pro de las familias, porque no tienen trabajos que las llenas o simplemente porque están lejos de ser la adulta que soñaron ser cuando eran niñas.

Por eso es que hay que tratar de caminar lo más rápido por esa parte del proceso, en algunos casos sugieren buscar ayuda, en otros, simplemente trabajar en aceptarse. Porque en la medida que uno se acepte como es, no caerá en caricaturas como el señor de 80 años y pelo negro o la abuelita de minifalda de cuero.

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