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El Brunch, la solución de Nueva York (y EE.UU.) para recuperarse de la resaca

El brunch puede servir dos propósitos. Puede significar el punto de aterrizaje de una noche pesada o el punto de partida para un día sábado o domingo.

Siempre se dice que la idiosincrasia estadounidense es práctica por naturaleza. Todo tiene que ser lo más efectivo posible, sacarle el mayor provecho a las cosas, utilizar el tiempo de la mejor manera. Un gran ejemplo de esto es el brunch: la comida del día que combina el desayuno (breakfast) con el almuerzo (lunch), que se practica no sólo en Nueva York, sino que en todo el país. Yo he comido brunch también en lugares como Los Ángeles, CA, y Miami, FL.

Se dice que esta tradición nació a principios de los 1900s. Fue acuñada en Gran Bretaña, describiendo una comida “dominguera para aquellos que el sábado se fueron de juerga”. Porque elimina la obligación de levantarse temprano, comienza con té o café, mermeladas y elementos de desayuno, para luego pasar a platos más pesados, como las carnes. Hay otra historia que cuenta que esta comida se le atribuye a un periodista que escribió en el periódico neoyorquino The Sun, por los típicos hábitos alimenticios de esta profesión que lo obligaban a comer al mediodía. Cualquiera que sea su origen, el brunch llegó para quedarse y no hay lugar en la ciudad o en Brooklyn donde no lo ofrezcan todos los fines de semana. Es sagrado.

Brunch

Foto: Patricio Ulloa

Personalmente, me encanta. Y lo hemos hecho un ritual de por lo menos una vez a la semana. Como cuenta la historia, es ideal para después de un buen día de parranda. No sólo tiene que ver con la comida que se sirve, sino que incluye un elemento clave para la recuperación oportuna y eficaz de la resaca: una moderada cantidad de alcohol. Hoy en día, el brunch sin excepción incluye la opción de pedir algún coctel. Los clásicos son dos: el Bloody Mary (jugo de tomate y especias, con vodka) y la Mimosa (champaña con jugo de naranja). A esto, súmale que está disponible desde las 11 de la mañana hasta las 4 de la tarde, dando un rango amplio de tiempo para elegir. Conveniencia y eficacia en una sola sesión.

También, el brunch puede servir dos propósitos. Puede significar el punto de aterrizaje de una noche pesada o el punto de partida para un día sábado o domingo. Si la noche anterior estuvo intensa, el brunch te pone en la mejor disposición para volver a la casa, cansado, echarse en el sillón y prender la televisión. La siesta que tanto necesitas llega sin que ni siquiera te des cuenta. La otra opción es empezar un buen día de entretención con un brunch. Luego de esto se puede ir a algún otro bar o de vuelta a la casa a seguir disfrutando de la tarde con amigos y risas. De ahí lo que pase, depende de los participantes y del ánimo que vaya quedando. Pero nadie se olvida que todo empezó con un brunch.

Me he dado cuenta que esta comida ya se está haciendo popular y ha llegado a diferentes lugares de Latinoamérica, como Chile. Les recomiendo a ojos cerrados probar un buen brunch y disfrutar de una típica costumbre norteamericana. Si están por casualidad en Estados Unidos de viaje o viviendo acá, y aun no lo han probado, no dejen pasar la oportunidad. Sin, duda, les va a encantar.

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