El inquietante misterio de los “hombres-mono patagónicos”: Diversos registros históricos avalan su existencia

Relatos aseguran que existió una etnia muy distinta a los tehuelches. Se asemejaban a hombres mono y eran muy feroces.

Guía de: Patagonia

Homo floresiensis

Contraposición del hombre moderno y Homo Floresiensis.

“…entre el río Negro y el de Santa Cruz, por el camino interior que es por donde viajan los indios, hay dos lugares en donde se encuentran bastantes casas de piedras pintadas de varios colores, y las cuales están habitadas por una raza que según la detallan los Patagones tienen mucha semejanza con los orangutanes: (..) Talla pequeña, cuerpo velludo y un palo ó báculo siempre en la mano. Se cubren con un manto corto de cuero de guanaco del mismo modo que los de la tierra del fuego. Los Patagones les llaman Chelep”.

Lo anterior es parte de la información que el intérprete Santos Centurión, relató al secretario de la Gobernación de Punta Arenas en 1845. La región que menciona en su relato estaría situada en alrededores del Lago Buenos Aires – Carreras, valles de Aysén al oeste y la planicie cercana hasta el río Pinturas, en el Este.

Continúa el relato de Centurión: “(..) La mayor parte de estas indiadas han visitado esos lugares y han estado en las mismas casas; pero nunca han podido tomar uno de sus habitantes a pesar de que los han divisado y corrido muy de cerca y aun recibiendo algunas piedras tiradas por ellos: lo que ha dado ocasión para que los tengan por brujos, y no se llegan a las cuevas, pues no deben ser otra cosa, [ilegible] en gran número. Debe advertirse que los Patagones solo cuando van (hacia el) río Negro, cosa que no sucede con frecuencia, es cuando los chelep los divisan llegar, pues siempre lo han hecho de día, huyen y se les pierden entre los montes abandonando las habitaciones en las cuales se encuentran huesos y cueros de guanacos y que algunas veces que han solido dormir cerca de tales casas les han robado y muerto algunos caballos”.

Santos Centurión era un “criollo aindiado” como se conocía a los “civilizados” que voluntariamente residían entre los aborígenes. En 1820 conoció en la Patagonia a los aónikenk, luego se casó con una india, adoptó sus costumbres, aprendió su lengua y se enteró de sus tradiciones y mitos. Era interlocutor e intérprete fiable para los “civilizados” que deseaban establecer relación con los indígenas.

cañadon

Geografía de la región citada.

Otro cronista aporta información

Otra fuente confiable aporta información sobre la misteriosa etnia de los “hombres monos”. El ingeniero y explorador galés Llwyd ap Iwan, obtuvo información de primera mano en 1894, acompañando una partida de tehuelches: “Cuando llamé su atención sobre los sepulcros o montones de piedras que encontramos en todos lados, aún lejos, dentro de los Andes, donde los tehuelches nunca entran, excepto cuando ocasionalmente unos pocos cazadores van detrás de vacas salvajes, él nos informó que éstas eran tumbas de indios de una tribu diferente a la suya, que no tenían caballos, pero que vivían en las montañas; eran muy feroces y fuertes. Su padre (del cacique) había capturado y mantenido prisionero a uno de ellos; el Catchwalt -como él lo llamaba- derramó tantas lágrimas que la región se inundó de lluvia, seguida por tanta nieve que estaban en peligro de ser sepultados. Liberado el Catchwalt, se fue directamente hacia las montañas murmurando en una lengua que ellos no entendían; entonces salió el sol en todo su esplendor, se derritió la nieve y sus temores cesaron.

Los misteriosos Chélep

El historiador Mateo Martinic Beros es quien más se ha ocupado de la presencia de esta etnia, muy distinta a las demás que habitaron en la Patagonia. También han mencionado su existencia historiadores tales como Federico Escalada y Rodolfo Casamiquela.

El historiador Federico Escalada les denominó Táchul, afirmando que eran gente pequeña, similares a los gnomos o duendes de los cuentos de hadas de los europeos. El mito que sostenían sobre ellos los nativos era que casi todos habían muerto durante un terrible cataclismo geológico que formó la cordillera andina; pero algunos lograron sobrevivir y continuaron viviendo en las montañas (un entorno tenebroso para los indios). Por su parte, el historiador Rodolfo Casamiquela, quien los identificaba como Talwulli, Táchul o Tachualt, recogió versiones entre indígenas sobre que los Talwüll vivían con sus mujeres, las monstruosas Ellëngassën, más cercanas a la mitología germana que el imaginario patagónico. Los Tachwüll -según Casamiquela- eran primitivos (en cierta forma, prehumanos), y eran considerados por los nativos como los primeros hombres en habitar la Tierra antes de que apareciesen los ‘verdaderos’ humanos.

pintadas

Pintadas de la Cueva de las Manos.

El misterio continúa ya que las menciones son relatos de tehuelches, como Agustina Quilchamal, hija del cacique Manuel Quilchamal, uno de los últimos jefes indígenas históricos, quien los habría visto una vez en su juventud y cuyo relato se nutrió de otros aónikenk, y tal vez estos de otros más antiguos. Lo mismo que el testimonio que recogiera el galés Llwyd ap Iwan, quien solo vio las “casas” y montículos pintados, a partir de allí recogió las versiones de otros tehuelches.

Existe alto grado de certeza sobre que en aquellas comarcas habitaron los chelep, un grupo étnico distinto a los grupos que les rodeaban y que habría habitado por siglos y milenios en los valles preandinos de Aysén hasta el río Pinturas, antes del siglo XVI.

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Más imágenes de pinturas en la región.

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