El naufragio de la fragata Wager: Canibalismo y penurias de los sobrevivientes (II)

La dramática historia de un naufragio y las tribulaciones de los sobrevivientes.

Guía de: Patagonia

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Representación del naufragio de la fragata Wager.

El inicio de este relato.

En 1741, la Patagonia Occidental Insular era uno de los pocos territorios del planeta que aún los británicos no conocían en detalle. Las cartas náuticas británicas más confiables de la región bajo dominio español, eran las obtenidas durante la minuciosa información de la expedición del almirante Narborough (1669-1671), setenta años antes.

Los prolegómenos de la expedición

John Byron, comenta en su versión del naufragio, que la Wager era una fragata mercante que realizaba el trayecto Londres – India, y que fuera acondicionada de manera precaria como pontón de la flota de Lord Anson. Tenía por finalidad transportar tropas de infantería, armamento y equipos para el resto de las naves. Agrega, que la infantería de marina a bordo provenía en buena parte del hospital de Chelsea, es decir infantes en recuperación, y que no tenían la mejor disposición hacia la expedición a los Mares del Sud (Sur). La nave, insiste Byron, había sido equipada con una muy escasa tripulación de marineros experimentados. Suma, luego, el hecho que el fallecimiento en navegación de su primer capitán (de apellido kit) había sido un signo de mala suerte entre los marinos. En esa fragata y expedición inició su carrera naval el joven guardamarina John Byron, a los 17 años de edad.

Al momento que se perdió contacto con el resto de la flota, el 24 de abril de 1741, la fragata Wager se hallaba en muy precario estado luego de atravesar las tormentas del Atlántico y del Cabo de Hornos. Reparada sobre la marcha con los escasos elementos que contaban a bordo, y con escasa tripulación, los marinos tenían serias dificultades para gobernar la nave.

Primeros instantes del naufragio

El 13 de mayo de 1741, el tripulante John Cummins, informó que había avistado tierra hacia el Oeste. Fue un llamado de atención sobre que algo no estaba bien. Navegaban en dirección norte, hacia la isla Nuestra Señora del Socorro, por lo que el continente debería situarse al Este. Se presume, entonces, que habían ingresado al Golfo de Penas.

Más tarde la fragata Wager, ya en medio de un fuerte temporal y con solo 12 tripulantes aptos para las maniobras, intentaron virar contra el viento para intentar superar el promontorio que había divisado John Cummins y continuar hacia el norte. Es posible que lo avistado por Cummins haya sido el Cabo Raper.

En esa época del año y región, los vientos predominantes corren de Norte a Oeste, empujando naturalmente a la nave contra los roquedales al norte del archipiélago Guayanecos. Durante la arriesgada maniobra de cambio de dirección una ola golpeó la nave e hizo caer al capitán Cheap de una escalera, dislocándose el hombro. Le aplicaron opio para el dolor y lo dejaron en su camarote. El teniente Baynes, segundo en el mando, en lugar de asumir el comando en tan difícil situación tomó una botella de licor y desapareció, describe el guardiamarina Campbell.

En una

Fragmento de mapa de la época que muestra el lugar del naufragio.

Entre las cuatro y cinco de la madrugada un gran golpe en el casco generó conmoción a bordo. A continuación otro golpe aún más potente tumbó de lado a la embarcación y el agua comenzó a ingresar. La noche más pavorosa que pueda imaginarse, describe Byron a aquellos instantes. Al tiempo que en la oscuridad de la madrugada y en la tormenta las olas barrían la cubierta, los infantes debilitados por el escorbuto se ahogaban al no poder salir de sus literas.

El capitán Cheap, despertado por la conmoción, ordenó soltar el ancla, pero esta se atascó. Cuando pudieron soltarla la fragata ya se estaba despedazando. Intentaron maniobrar hacia la costa, pero la nave quedó atascada entre dos grandes rocas. Ya no podría avanzar, pero tampoco hundirse. En tanto, un infante caminaba por la azotada cubierta esgrimiendo un machete y atacando a quien se acercara, describe Byron dando ejemplo de la locura del momento. Poco después el infante de marina fue derribado y desarmado.

Durante el naufragio la mayoría de los infantes de marina se mostraban paralizados y no atinaban a nada, dice Byron. No eran personas habituadas al mar, lo suyo era combatir en tierra. Algunos de ellos -señala- rodaban por la cubierta empujados por los vaivenes del oleaje. Otros, en cambio, mostraban una gran actitud por ejemplo el timonel que no dejaba su puesto esperando órdenes aún cuando el timón había sido destrozado por las rocas, y el piloto Mr. Jones, que impertérrito en medio de la debacle animaba a sus hombres y dirigía las maniobras tal cual estuviera sobre un mar calmo. Mucho después, relata Byron, Jones confesó que no creía que esa noche se salvara algún hombre de aquel naufragio.

Cuando aclara el día

El día comenzó a clarear permitiendo vislumbrar tierra a poca distancia. El capitán ordenó abandonar la nave. A la tenue luz del día comenzaron a verse flotar algunos cadáveres bajo la cubierta.

La escena a bordo había cambiado en menos de una hora, refiere Byron, quienes hacía instantes eran presa de la desesperación ahora saqueaban el contenido de la carga y bebían vino y aguardiente a granel. A tal punto era el descontrol que varios se emborracharon y murieron ahogados. Sus cuerpos luego estuvieron por varios días flotando en cubierta. Era evidente que apenas luego de un par de horas de ocurrido el accidente la disciplina a bordo se había perdido. Es que en ese entonces, la reglamentación del Almirantazgo establecía que los salarios se suspendían después de un accidente, es así que la mayoría ya no consideraban al capitán Cheap como autoridad.

Luego de muchas dificultades por los maderos y mástiles desprendidos de la nave que golpeaban contra los lados de la embarcación, pudieron soltar al fin los botes para dirigirse a tierra. La pericia de los escasos tripulantes hizo que paulatinamente los botes capeando la tormenta fueran llegando a la costa y regresando por más sobrevivientes.

El contramaestre y varios marinos decidieron no bajar a tierra prefiriendo quedarse en los restos de la zozobrada nave bebiendo el licor de la carga. Fue recién entonces que el capitán decidió abandonar la Wager como el último marino. Tuvieron que asistirlo entre varios por su dolorosa lesión en el hombro para poder llegar al bote que le esperaba.

En la playa

La situación de los náufragos era precaria. Estaban en una costa inhóspita y deshabitada, sin medios para protegerse de las inclemencias invernales ni alimentos. Ateridos y extenuados exploraron los alrededores y encontraron unas precarias chozas de nativos deshabitadas en unos matorrales y cerca de la playa. Acondicionaron una para el capitán y el resto se apiñó en las otras dos, aunque sin poder escapar de la lluvia y el frío impiadoso.

A pesar de la decisión de un grupo de marinos de quedarse en los restos de la Wager, el capitán le ordenó a Campbell que intentara traerlos. Relata Campbell: “Fui, pero los encontré a todos en una confusión tal que no puede imaginarse nadie que no haya sido testigo ocular de ello. Algunos cantaban salmos, otros peleaban, otros juraban y otros yacían borrachos en la cubierta. Al verlos en este extraño desorden, no le dije una palabra a nadie, pero al observar algunos barriles de bolas (balas) y pólvora en el alcázar, comencé a meterlos en el bote; con lo cual dos de los hombres vinieron a mí, gritando: ¡Maldita sea! No los tendrás, porque el barco está perdido y es nuestro. Un tercero vino con una bayoneta, jurando que me mataría; agregando estas palabras, ¡Maldita seas! Has llevado una conducta recta durante todo el viaje y sufrirás por ello. Y con eso me arrojó la bayoneta, pero falló su puntería, e inmediatamente me metí en el bote y regresé a la orilla”.

Esa noche, en una de las chozas murió uno de los náufragos. Bajo un árbol, soportando allí la tormenta por no haber más lugar en las chozas, murieron otros dos.

En la próxima entrega: El motín de los náufragos de la Wager.

Material consultado para componer este relato:

“El naufragio de la HMS Wager (1741): Sus fuentes, ediciones y valor histórico”. Carmen Channing Eberhard. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile.

“The sequel to Bulkeley and Cummins’s Voyage to the South-Seas”. Alexander Campbell. London.

“The narrative of the Honourable John Byron”. 1768. Byron, John. Traducción de José Valenzuela D. Chile.

“En búsqueda de la verdad sobre el guardamarina Alexander Campbell de la Fragata Wager”. Jorge Sepúlveda Ortíz. Chile.

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