Trempülkalwe: Las deidades mapuches transportadoras de almas

Se sumergen al caer el sol para encontrar y guiar a las almas de los difuntos hasta la región espiritual situada en Isla Mocha.

Guía de: Patagonia

Foto tomada por Jenny Dean el 21 de agosto de 2013, y publicada en el Curier Mail de Brisbane, Australia. Muestra a la ballena albina “Migaloo”. Debe mencionarse que Australia está en similar latitud que Chile, Océano Pacífico por medio.

El ritual funerario de los Lakfenches, uno de los grupos integrante de la etnia mapuche, consistía en entregar el cuerpo del difunto al mar. La acción permitía que el alma fuera al encuentro de las Trempülkalwe, entidades protectoras personificadas en cuatro ancianas que al caer el sol se sumergían en el mar para convertirse en ballenas blancas que guiaban a las almas hasta el Ngill chenmaiwe, espacio espiritual donde las almas se purificaban.

Las cuatro machis

Las Trempülkalwe o Trempulcahue, eran cuatro machis (entidades protectoras) que se sumergían en el mar a la caída del sol para ir a buscar y guiar a las almas de los difuntos hasta el Ngill chenmaywe, lugar de encuentro de las almas y sitio estrechamente ligado a la isla Mocha en el Océano Pacífico. Las Trempülkalwe, nadan solo por las noches y no pueden ser vistas por los seres vivos. Un detalle interesante que cabe destacar, es que en la región marina que se extiende más allá de la isla, habitó en el siglo XIX el gran cachalote blanco descrito primero en Mocha Dick, de Jeremiah Reynolds, y posteriormente en el clásico de la literatura Moby Dick, de Herman Melville.

Acercamiento a la cosmogonía Lakfenche-mapuche

El acervo cultural mapuche se nutre de una gran cantidad de mitos y leyendas, lo que genera también infinidad de interpretaciones según sea el autor. Intentamos aquí simplificar para hacer entendible un tema tan complejo como la cosmogonía de los grupos Lakfenches. Los mapuches consideran que existe un alma universal denominada pu-am. De ella se desprende el alma de cada ser humano; am. Al morir, el am se convierte en pillü, estado de indefensión de las almas. En situación de pillü, corren el riesgo de ser captadas por algún wekufe, espíritu maligno que la mantendría eternamente en el limbo. Esa es la razón de porqué las almas debían emprender el viaje a Ngill chenmaywe, la isla de los muertos, guiadas por las Trempülkalwe. En esa región espiritual el alma deja de ser pillü para convertirse en alwe, espíritu en proceso de superación para transformarse en pillán, espíritu que finalmente se integra o regresa al pu-am, el alma universal, y que era situada de manera imprecisa al occidente de la isla.

El barquero de las almas

Hemos visto que los Lakfenches, al igual que los otros grupos mapuches costeros, consideraban que el fallecido debía emprender un largo viaje por mar. En el caso de los Lakfenches lo entregaban al mar para que las Tempulcawe guiaran su alma.

No hemos podido obtener registros históricos respecto a una costumbre mencionada por varios autores y referida a colocar a sus difuntos en canoas portando “llancas” (minerales de cobre color verde azulado consideradas piedras muy valiosas y que servían para pagar delitos). La función de las “llancas” junto al muerto tenía por tarea pagar el servicio de traslado al barquero, quien llevaría su alma hasta la región espiritual.

En la austral isla de Chiloé, la mitología chilota correspondiente a la comunidad huilliche, describe a un barquero de mal genio cuyo nombre es Tempilcahue (nótese la similitud del nombre con las machis-ballenas de los Lakfenches) que transporta a las almas hasta el mundo espiritual de “la otra orilla”. Los difuntos son sepultados con “llancas” a fin de pagar el viaje y suavizar un poco el genio del barquero que, según dicen, suele pegarles con el remo a las almas transportadas. Algunos autores mencionan que el barquero suele cobrar un plus por el pasaje de perros y caballos que acompañen a sus amos en el viaje final.

El puente o muelle de las almas, construido en Chiloé. Existe la suposición que las almas de los difuntos llegan hasta ese lugar y desde allí solicitan al barquero ser trasladadas a la región espiritual.

La isla Mocha, refugio de las almas

El grupo lakfenche “gente de mar” o “mapuches de la costa”, habitaba una porción de la costa de la actual provincia de Arauco, más precisamente en las cercanías de la actual Tirúa. Frente a esas costas está la isla Mocha, cuyo nombre está compuesto por am (alma) y ucha (resucitar). Se comprende, entonces, el porqué situaron allí la región espiritual Ngill chenmaywe (lugar de reunión), convirtiendo a la isla Mocha en sagrada para la cosmogonía lakfenche – mapuche.

La Isla Mocha está situada a 34,2 kilómetros de la costa, a la altura de la ciudad costera de Tirúa. Se conoce que antiguamente su nombre era Gueuli, y habría estado habitada por unos mil integrantes de los lafkenches. El primer europeo en pisar la isla fue el explorador italiano Juan Bautista Pastene, el 10 de septiembre de 1544. Posteriormente se mantuvo deshabitada por espacio de casi 160 años, hasta que el auge de la caza de ballenas la situó como puerto de abastecimiento. La superficie de la isla es de apenas 48 kilómetros cuadrados y tiene una pequeña serranía que alcanza los 390 metros sobre el nivel del mar. Casi la mitad de la isla es actualmente área protegida que resguarda el ecosistema único y monte nativo.

Dedicado a Laura Vélez, comunicadora y ávida lectora de los misterios patagónicos y sureños.

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El bosque de la isla Mocha (o lugar de reunión de las almas). Chile Turismo Sustentable.

 

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