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Fanáticos del rock recuerdan con tristeza los 50 años del día en que McCartney anunció el fin de los Beatles

El 9 de abril de 1970 entregó a la prensa un minireportaje que sería la portada de todos los diarios del día 10: Los Beatles se habían separado

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Imagina que alguien, en plena actualidad, te cuente el final de un clásico, Titanic, Volver al futuro, el que quieras. ¿Cómo narrar esa historia que todos conocen hasta el hartazgo? Si quieres, por esa sentencia del periodismo escrito, lanzaremos el final, al comienzo: el viernes 10 de abril de 1970 la prensa anunció la disolución de Los Beatles, que jamás se volvieron a juntar.

Gracias por ese estudio forense, diría la anciana Rose sobre los hologramas explicativos del Titanic. Quienes querían el dato duro, allí lo tienen, aunque pensándolo bien, poco se entiende por qué no recurrieron a Wikipedia. Pero a los demás, los demás… ¿quieren leer el final de la historia de magia más importante del Siglo XX? ¿Seguro? ¿Quieren leer?

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Un puñado de años antes, cuatro muchachos humildes de un puerto de Inglaterra… ehh… habían cambiado el planeta para siempre. Así de sencillo. Con ellos nació este mundo descontracturado, irreverente, colorido que conocemos. Todo confabulaba para que ocurriese. EE.UU. estaba enfrascado en una lejanísima guerra que no parecía resolverse, el final del mundo parecía provenir de una guerra nuclear (como ahora parece venir a causa de un virus) y la música rock and roll estaba super de moda.

John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr tomaron esa bandera de la rebelión que, por primera vez, se alzaba como un actor social (la Juventud) y cuestionaron el mundo que los adultos le legaban. La música los disparó a la fama mundial y en tan solo unos añitos ocurrió de todo: de tocar rockabillies rapiditos enfundados en camperas de cuero teddyboys, los rockeros pasaron a dejarse barbas de Jesucristo, cabello por la cintura, abandonar su lugar en la sociedad y vivir en comunas hippies donde se perdían los estratos económicos y el sexo resultaba compartido.

De una aventura similar en la India se escapaba John en 1968, tras conocer que un par de adolescentes acusaron al Maharishi Mahesh Yogi de querer abusar de ellas. Su búsqueda se diferenciaba de la de George, quien se hundía en la espiritualidad: “Vinimos a meditar”, le espetó Harrison a Lennon, “no a grabar un maldito disco”. John no pensaba igual y se marchó. Lo suyo iba por otro lado, el planeta, la desigualdad, esa cosas. Paul y Ringo también se fueron. Los Beatles comenzaban a tomar sendas diferentes.

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El disco blanco fue una maravilla en el que todos advirtieron: Los Beatles componían y grababan por separado. Ya no existía entre ellos esa camaradería del comienzo. Era lógico: habían crecido y cada cual tomaba su camino. Más hechos contribuían al desbande: la banda ya no tocaba en vivo, había muerto el manager Brian Epstein (1967) y los Beatles comenzaban a lanzar proyectos musicales por separado (Paul, la banda sonora de The Family Way y George, la de Wonderwall)

John ya había conocido a la artista conceptual Yoko Ono; montó con ella una sociedad que no se rompería. Sus proyectos pacifistas le tomaban cada vez más tiempo y Los Beatles significaban un engorro para él. La banda se reunió en enero de 1969 para grabar un disco con las últimas personas en el planeta con quienes querrían grabar: ellos mismos. Las sesiones fueron desastrosas: “No entiendo por qué vinieron si no querían”, les dijo Paul a los demás. Macca veía con furia cómo sus compañeros le rompían el sueño para el que tanto había trabajado. Y más: para el que podría haber trabajado el resto de su vida.

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Allí no concordaba con John: él ya no quería más. Esta diferencia era sencillamente lapidaria para la banda. Los problemas contractuales se sumaron y los músicos se enfrascaron en una batalla legal por el manejo de la obra y las futuras carreras que sumó más disgusto a todo. John y George querían imponerle a Paul un manager que él no quería, pero aquello no fue más que una excusa.

Las sesiones quedaron archivadas, por espantosas. El mundo, afuera, cambiaba. Los 60s se terminaban y una nueva generación alcanzaba la juventud. El verano del amor concluía en un concierto multitudinario de los Rolling Stones donde la muerte se hacía presente por primera vez en un show de rock.

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Los sueños de igualdad y las ropas coloridas se guardaban, ensangrentadas: ya quedaba claro que las autoridades del planeta no aceptarían cambios y reprimirían toda manifestación. El rock no había podido con ellos y los artistas novatos cambiaban de plan: de querer cambiar el mundo se volcarían a reflejarlo en toda su crueldad, vaya resignación. Una nueva música mucho más violenta dejaba a aquellas canciones de los exflequilludos como banda sonora para niños.

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Los Beatles se odiaban, pero alguien sugirió una cura de música. El 30 de enero de 1969 los cuatro subieron a la terraza de las oficinas del grupo y brindaron un concierto insólito. Era la primera vez que tocaban desde 1966 y lo hacían… en una azotea. John y Paul recuperaron, por momentos, la sonrisa. Sabedores de que todo ya terminaba, la banda grabó un nuevo disco cuya vivencia resultó mejor que el fiasco anterior. Como no encontraban el nombre para titularlo, Ringo propuso: “¿Por qué no salimos a la calle, nos sacamos una foto y lo titulamos Abbey Road”. Así se hizo.

El 13 de septiembre de 1969, John acudió a una invitación para tocar en un festival por la paz en Toronto. Armó una banda de apuro y se la pasó vomitando de los nervios antes de salir a escena, pidiendo cocaína para enfrentar al público. El show fue modesto, correcto para lo desorganizado de la ocasión, pero resultó una revelación para Lennon: no necesitaba más de su célebre su banda.

El pobre Paul tuvo el mal tino de convocar a sus compañeros para proponerles rearmar el grupo: “Empecemos de cero, volvamos a nuestros orígenes”. John se burló: “Eres un idiota. No te lo iba a decir, pero voy a desarmar a la banda”. Todos se quedaron de piedra, rezando porque se tratara de una bravuconada más de Lennon. Pero no era así: John se subió al coche, tomó la mano de Yoko y le dijo: “Se terminaron Los Beatles, desde ahora somos tu y yo”.

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Lennon, en Toronto

El álbum llegó a las bateas el 26 de septiembre de 1969; entre todos habían convencido a Lennon de que no anunciara nada, para renegociar mejor los contratos futuros. Paul se fue de vacaciones a una granja con su flamante esposa Linda, que se quejó a una amiga: “Aquí estoy… casada con un borracho que ni se baña”.

Los Beatles se peleaban por todo. Resolvieron editar aquellas grabaciones malditas y se las cedieron a un productor que había trabajado con John, Phil Spector. Según Paul el hombre destrozó sus canciones para el disco. Según Lennon, le dieron “la peor mierda peor grabada de toda la historia e hizo algo con eso”. Paul grabó un disco en aquellos días de campo y le anunció a John que también se iba del grupo. “Ahora somos dos los que lo aceptamos”, le contestó Lennon. Antes de cortar, le negó la fecha para lanzar su disco solista, el 17 de abril de 1970, para dejar espacio a Let It Be, el disco rescatado del desastre.

A 50 años de la separación de Los Beatles, la pregunta eterna: ¿John Lennon o Paul McCartney?

Finalmente Paul se salió con la suya y consiguió imponer su fecha. Para promocionarlo, la noche del 9 de abril envió una copia del longplay a la prensa, que incluía un falso reportaje: “Extrañas a Los Beatles? No ¿Piensas grabar de nuevo con Los Beatles? No”. Los diarios titularon el 10 de abril: «Se separaron Los Beatles». El corazón del mundo crujió.

¿Recuerdas a Rose-anciana? Logró la atención de los científicos, ¿cierto? Una y mil veces vemos las tres horas de Titanic, desde hace décadas. Y desde hace medio siglo, del mismo modo, escuchamos los discos de estos cuatro melenudos. Dónde es que radica el embrujo, es algo imposible de saber. Nos atrae el ser humano, será. El ser humano, sus dramas, sus logros, su magia. “Fue hace tanto tiempo –explicó años después George– que a veces me pregunto si no habrá sido todo un sueño”. Quién sabe… ¿Quieren el final de la historia? Ninguno de los cuatro fue a la presentación de Let It Be, John murió asesinado en 1980, George, de cáncer en 2001. Ringo y Paul sigue girando y girando y Los Beatles son reconocidos como la banda más importante de todos los tiempos.

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