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¿Quién es más rockero: Mick Jagger o Keith Richards? Un viejo debate que sigue abierto

A la par del interminable ¿John o Paul?, los Rolling Stones también tuvieron su eterna discusión acerca de cuál de los dos líderes fue más rockero a lo largo de los años

Guía de: Rock

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Jagger y Richards en la célebre mansión Nellcote, 1972, en tiempos de “Exile on Main Street”

Keith Richards se esnifó al padre. Bueno, listo. Pregunta respondida y fin del artículo. Pero no. Aunque parta de atrás si esa consideración es tomada en cuenta como “rockearla”, Mick Jagger tiene sólidos argumentos para reclamar el cetro. El cetro del más rockero de los Rolling Stones.

La pregunta es algo así como el “John o Paul“, ¿cierto? Y al fin de cuentas, cada par o pareja del ámbito que sea puede ser analizado desde esta óptica. Tal es más John, tal otro es más Paul.  Y todos sabemos qué se quiere decir. Con los muchachos de la lengua afuera sucede algo parecido.

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Los Stones surgieron en los albores del rock como contracultura. O más aún, ellos son –junto a los Beatles, claro– los que inventan este cambio social. Tras pocos años de rock and roll como género musical y entretenimiento, Elvis y las chicas que se encendían con este ritmo embrujado, fueron Mick y Keith quienes se encontraron en un tren de Londres y se pusieron a hablar de músicos negros que contaban historias de los barrios marginados. Que se entienda bien el contexto: en aquellos primeros años 60s las muchachas aullaban con el rock como hoy lo hacen con el reggaetón. Era la música de moda, el sonido que los musicalizadores usaban para sus cortinas radiales.

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Brian Jones, junto a Jagger y Richards

¿Qué fue lo que hizo el click? Justamente, ellos dos. Y uno más: Brian Jones. El rubiecito tenía veinte años e hijos regados en diversas casas, vaya vida atolondrada, o muchas vidas, cuando otros son apenas adolescentes asomándose. Una vez reunidos los tres, fundaron la banda y comenzaron a darle sitio en Inglaterra a esas canciones de los negros del otro lado del océano: vidas duras, vidas de trabajadores, vidas sujetas al horror del racismo.

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A partir de su tercer disco, “Out of our heads” (1965), los Rolling toman la decisión más rockera de todas: dejar de hacer covers, animarse a hacer el camino propio, vaya metáfora para la vida de los jóvenes.

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Muerto Brian tras su caída irrefrenable en las drogas y el alcoholismo, Mick y Keith sorprenderán a todos aquellos que pensaban que era Jones el alma artística de la banda. Mick se revelará como un letrista excelente, mucho más capaz de lo aceptado usualmente, y Keith como un artesano de la melodía y el riff crudo.

Para los movimientos estudiantiles del ´68 las marchas tomarán al rock como banda sonora para la vida; de ser la música de entretenimiento del momento, el rock excede el género musical y se convierte en contracultura, la lucha contra el capitalismo, que por aquel entonces no tenía todavía ganada la batalla tal como la tiene hoy. Pero pelearle al mundo no es gratuito. Los rockeros pagan con su cuerpo el vivir en el límite y Keith cae en la misma trampa que Brian… con mejor final.

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Para mediados de los 70, Richards es un fantasma huesudo que se arrodilla por los días y se queda dormido en los shows. Con la amenaza latente de quedarse una larga temporada en las cárceles de Canadá por narcotráfico, Mick toma la manija y enfila a los Stones hacia nuevos ritmos. El reggae de “Black and Blue” (1976) y el disco-music de “Some Girls” (1978) es pergeñado por Jagger, quien cambia de actitud: si en el pasado se ha quitado de encima a Brian, esta vez respalda a Keith. Pasemos en limpio: Mick rompió los límites del rock enfilando hacia nuevos rumbos. Eso sería menos rockero. Pero banca a su compañero en las malas y lo espera hasta que se repone, sin quitarle lugar en los créditos. Eso sería bien rockero.

Con Keith “recuperado”, los líderes se pelearán a muerte en los 80s. Si bien los Stones nunca se terminan de separar, los trabajos por separado merman el poder artístico. Jagger es el primero que prueba suerte con álbum solista (She´s the Boss, 1985) y se encarga del pésimo “Undercover” (1983), haciendo de los Stones una malísima copia de Michael Jackson. Keith retoma las riendas pero no logra encaminar el asunto en el flojísimo “Dirty Work” (1986), que ni cuenta con gira de presentación: por primera vez en décadas, el final de sus majestades satánicas parece sentenciado.

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“Talk is cheap”, (1988) album solista de Richards, gusta a todos. ¿El fracaso personal hace que Mick vuelva a recurrir a la banda? Poco rockero… Los Stones vuelven al ruedo con dos grandes placas, “Steel wheels” (1989) y “Voodoo Lounge” (1994). Para entonces los Rolling ya no son amigos sino socios. El rock ha vuelto a dejar de ser cultura y el negocio se come todo. Ellos no tienen la culpa de ello. Ellos lo dieron todo. Fue el mundo el que no entendió.

Los últimos años encuentran a los viejos líderes por distinta senda: Mick aceptando títulos de la reina, Keith criticándolo por ello. Ambos giran juntos y convocan multitudes en el mundo entero, cantando con cuanta artista teen quiera codearse con ellos. Hasta que Keith se esnifa al padre, se supone. Y ahí termina la discusión. Pero siempre serán un par. El alma de sus majestades satánicas. El rock and roll en dos personas.

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