Cuando la urgencia lo amerita: Sepa por qué los voluntarios actúan al ritmo que hace falta

Una reflexión acerca de cómo las urgencias ameritan el compromiso de la sociedad civil.

Guía de: Voluntariado

Voluntarios del Desafío Levantemos Chile ayudan en catástrofe ocurrida en el Norte de nuestro país

Voluntarios del Desafío Levantemos Chile ayudan en catástrofe ocurrida en el Norte de nuestro país

Este año ha estado marcado por las catástrofes: aluviones, terremotos, inundaciones y volcanes nos han recordado que no somos invencibles. Pero lo más importante es que como chilenos no nos quedamos de brazos cruzados y a las horas después de los sucesos estamos trabajando para apoyar a quienes lo necesitan, a todos esos compatriotas que de un minuto a otro pierden sus trabajos por estar inundados, sus sueños enterrados en el barro, sus escuelas derrumbadas, sus calles cortadas.

Ha sido una oportunidad para la sociedad civil de demostrar que unida y organizada puede mucho más, que no tienen que esperar a ese alguien para levantarse nuevamente, la gente se hace parte de los problemas y de sus soluciones. Prueba de eso han sido los miles de voluntarios que se han trasladado a las diferentes ciudades que han sido afectadas por la naturaleza.

Porque en un país como el nuestro tenemos dos opciones: o nos movemos como se acostumbra o con la urgencia que se amerita, y es que la filosofía que nos mueve es simple, pedimos perdón o pedimos permiso.  Tocopilla se vio afectada en Agosto de este año por un aluvión, afectando a cientos de compatriotas que vieron cómo los sueños de toda una vida, eran enterrados por el barro. Ese Lunes, la Población “5 de Octubre” estaba llena de gente trabajando, voluntarios de la ciudad no lo pensaron dos veces y agarraron pala, porque la urgencia lo ameritaba. Tuve la oportunidad de estar ahí, de ser parte de esa magia que se forma entre tanta desgracia, de ser parte de esa luz que muchos ven apagada al mirar lo que quedó de su vidas. Tuve la oportunidad de poder mirarlos a los ojos, abrazarlos y soñar con ellos.

Volví hace poco tiempo y con el corazón lleno. Entregamos maquinaria para diez emprendedores que son un ejemplo y quienes para mí, refuerzan la convicción de que no estamos equivocados, que estamos haciendo la pega. Encontrarnos con los negocios impecables, abiertos, con los testimonios de sus dueños que nos decían que pensaron en no abrir de nuevo, que estaban cansados y desesperanzados, pero que por sus familias, por sus clientes no podían quedarse atrás.

Un caso como el de Idalia, que tenía cinco tipos de máquinas de coser y después del aluvión tuvo que empezar a turnarse con la máquina que logró salvar su hija para hacer los manteles y cortinas de Navidad que le piden y vende en la feria. Su historia y su testimonio es lo que nos refuerza, el mejor aprendizaje para un voluntario es conocer la fuerza de quienes la ven perdida, eso sólo se aprende en terreno.

No perdamos el sentido de urgencia, no esperemos a que una catástrofe azote a nuestros compatriotas para apoyarlos, seamos parte del terremoto diario de miles de chilenos que hoy no cuentan con buena educación, mal acceso a la salud, pésimas condiciones de vivienda. Entreguemos oportunidades. Sueño con un Chile justo que lucha desde las acciones y no desde el escritorio.

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