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Columna: El desafío de lograr que los sueños de los que tienen menos no se pierdan

En los diferentes campamentos mucha gente tiene un sueño y siente que por vivir ahí no van a poder cumplirlo. Esto hay que cambiarlo.

Los invito a pensar qué soñaban de niños cuando les preguntaban qué querían ser de grandes, varios deben haber respondido que iban a ser astronauta, bombero, doctor, veterinario o muchas otras cosas. Quién no ha soñado con abrir su propio negocio, dedicarte a lo que más te gusta y habiendo partido con tus manos, con tus lagrimas, con tus alegrías, qué satisfacción más grande el poder decir “yo pude”, “yo lo hice”. Mucha gente está dejando de lado su sueño por miedo al fracaso ¡Qué horror más grande! Si supieran lo importante que es fracasar para llegar al éxito de seguro tendríamos muchos más emprendedores hoy.

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La voluntaria Josefa Arrau comparte su experiencia en esta columna.

Este miedo se puede ver en muchas partes del país, lo he visto en los diferentes campamentos que hay en Santiago, en donde mucha gente tiene un sueño y siente que por vivir en un campamento no van a poder cumplirlo, no van a poder salir de su situación, se sienten apartados de la sociedad en donde nadie los va a tomar en cuenta si quieren abrir un negocio para poder mejorar su condición actual y así quizás poder cumplir el sueño de darle más a sus hijos, de entregarles las oportunidades que ellos no han tenido, que ellos no vivan lo mismo. Muchas veces la gente de estos campamentos no sabe cómo emprender y es ahí donde entramos nosotros, jóvenes que sí creemos que tienen algo que entregar, que también tenemos ganas de que cambien su realidad, que creemos en una sociedad civil unida y empoderada, que no tenemos que esperar que otros nos vengan a hacer la pega.

Pero ¿Qué pasa con los niños? Ellos ven estas dificultades, ven las pocas ganas, ven las frustraciones y lo peor es que si tu te acercas a los niños de estos campamentos y les preguntas qué quieren ser de grandes, no te responden ser bombero, profesor o doctor, sino que sueñan con ser narco, algo que ven a diario y con lo que están acostumbrados a vivir, algo más factible y que ven mucho más real y cercano que cualquier otro sueño. Es aquí donde viene la pregunta ¿Dónde quedaron los sueños de esos niños? ¿Qué podemos hacer para cambiar esta situación?

Los invito a que conozcan a estas personas y vean cuales son sus sueños realmente y sean parte de su realización, trabajemos por el sueño colectivo para que salgan de la situación en que viven y así sus hijos puedan soñar con grandes cosas y no con ser los más choros del campamento. Ayudémoslos, no nos hagamos los tontos, hagámonos cargo de esta situación y seamos la sociedad creadora que este país necesita.

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