¿En qué minuto se extraviaron las prioridades? Un llamado a hacernos cargo de lo que importa

Persigamos los sueños y pongamos en carpeta las prioridades que tienen que estar.

Guía de: Voluntariado

Hace sólo un par de semanas estalló la noticia de que el Gobierno invirtió casi $100 millones de dólares en el canal público. ¿La razón? Acercar la cultura y la educación a todos los hogares de nuestro país. Hoy la televisión es una fuente de seguridad en muchas casas, donde al prenderla las mamás dejan a sus niños inmersos en ese mundo y lo más importante, donde ellas pueden verlos, seguros y tranquilos porque les da miedo que salgan de sus casas.

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Afuera hay inseguridad, hay oscuridad, hay drogas, alcohol, delincuencia, prostitución y armas, pero en la casa, en su living, con el televisor prendido, están seguros y éllas saben en qué están, y hacen lo posible por mantenerlos de esa manera, por eso compran la pantalla más grande, con los parlantes más ruidosos, para competir con los griteríos y las peleas que se dan afuera de sus casas. Incluso para acallar los disparos que se escuchan a unos cuantos metros afuera.

Viéndolo así, tal vez no está tan mal que la televisión sea de mayor calidad. Pero no puedo dejar de pensar en lo que se podría lograr con esa misma inversión en estos sectores tan olvidados y vulnerables. ¿Qué pasaría si se invirtiera en mejores viviendas sociales? ¿O en mejores hospitales? ¿Mejores escuelas? ¿Se invirtiera en empresas para que puedan entregar más trabajo? ¿Y si le damos más oportunidades a emprendedores? Podríamos invertir en espacios comunes dignos y seguros para estas poblaciones y así las mamás podrían dejar de tener miedo y sus hijos podrían salir a jugar afuera; oportunidad que todos debiesen tener.

Si bien es solo una hipótesis la que acabo de plantear, creo que no debiese estar lejana de ser comprobada: hoy nos demuestran que las prioridades no son las correctas. Las crisis de desconfianza que estamos viviendo son también porque las personas se sienten solas, no se sienten protegidas ni cercanas con quienes deben cumplir con el papel de entregarles esa seguridad.

La crisis que estamos vivenciando hoy es la respuesta al mal manejo, no sólo del sistema, sino que también de las personas. Estábamos acostumbrados a esperar a ese “alguien”, acostumbrados a culpar a otro por nuestros problemas. Hoy estamos en un escenario abierto para cambiar eso, tenemos que ser capaces de generar el cambio cultural que nuestro país pide a gritos; la sociedad civil tiene que levantarse así como lo hace para cada emergencia, cada vez que vemos que hay una necesidad y salimos sin mirar atrás. Hagámoslo, pero responsables. Aprendamos y que los desafíos nos  pongan a prueba. No se imaginan todas las cosas que son capaces de hacer.

Persigamos los sueños y pongamos en carpeta las prioridades que tienen que estar, no esperemos a que el resto se haga cargo, hagámoslo nosotros, hagámonos cargo de lo que hoy está sacudiendo a Chile.

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