Lota y sus desafíos: Una ciudad llena de oportunidades y sueños

La ciudad vivió el auge y decadencia y el carbón, ahora lucha por reinventarse.

Guía de: Voluntariado

Esta semana le dejo el espacio a Gabriela García, líder de Campamento de la RM. Nos entrega un increíble testimonio de su paso por la vivencia de verano Lota 2016 y nos invita a seguir dejando huella.

Siento que como voluntarios logramos un avance en el largo proceso de cambio que requiere Lota. Soportando las altas temperaturas y el poco tiempo, logramos construir una multicancha, renovar una plaza, pintar un mural, la realización de más de 60 atenciones odontológicas, talleres de emprendimiento y, compartir con el futuro de la ciudad… los niños.”

Todo aquel que haya visitado alguna playa sabe cómo se siente pisar la arena. Muchos no recordarán la primera vez que sintieron ese cosquilleo, pero se re-encantan cada vez que la temporada lo permite. Para mí, la vivencia se resume en ese único primer paso.

Después de casi dos años en Desafío Levantemos Chile, pude enamorarme de nuevo de lo que me motivó a dar esa pisada, al dejar huella en la playa de Lota junto a 90 voluntarios, quienes nos acompañaron en esta nueva aventura en que las olas no se llevarán nuestra marca fácilmente.

Deposité mi confianza en la gente para aprender de su historia, dejando de lado los libros sobre Chile y su minería. Los lotinos relataban su historia con melancolía, codesafiomo si el carbón que tanto les dio en su época se hubiera llegado consigo sus esperanzas al marcharse. Los más viejos contaban las maravillas del pasado, donde Lota era el lugar N°1 en avances tecnológicos y arquitectónicos, mientras que los jóvenes, pocas ganas de permanecer allí seguían teniendo.

El lugar con más de diez monumentos históricos nacionales, hoy se encuentra sumergido en las drogas y la delincuencia, transformándose este fascinante lugar en la comuna más pobre del país. “¿Qué nos pasó?” se preguntan los lotinos. El carbón que los tenía en la cúspide nacional dejó de ser tan bondadoso y se quedaron con las manos vacías. Asimismo, el asistencialismo y excesiva dependencia salió a luz. “Nos usaron” se contestaban.

Siento que como voluntarios logramos un avance en el largo proceso de cambio que requiere Lota. Soportando las altas temperaturas y el poco tiempo, logramos construir una multicancha, renovar una plaza, pintar un mural, la realización de más de 60 atenciones odontológicas, talleres de emprendimiento y, compartir con el futuro de la ciudad… los niños.

Sin embargo, las huellas que dejamos allá no pueden medirse únicamente por la cantidad de cosas que logramos hacer en esos 8 días. El sello de Desafío Levantemos Chile se quedó en cada quien que prestó su voluntad al trabajo que describimos como el más lindo del mundo; como Don Rolando, Armando, Silvia y María, entre muchos otros valientes.

Particularmente, me sorprendió el apoyo que recibimos de los jóvenes, quienes, en vez de mostrarse perfectamente indiferentes y haciendo alusión al clásico estereotipo adolecente, decidieron usar su irreverencia de forma positiva, nadando contra corriente, mientras tomaban una pala o una carretilla y trabajábamos codo a codo. Me saco el sombrero frente a Baltazar, Lucho, Bastián, Salome, Jurelillo y el pequeño Hugo, quienes desde el primer día se mostraron comprometidos con nuestro trabajo y nos sacaron del alma las mejores sonrisas. Espero verlos en el futuro como los voluntarios que querían ser.

Lota marcó un antes y después en mi trabajo como voluntaria. Fue una instancia en que el constante contacto con la comunidad se potenció y aprendí desde la experiencia de la gente.

Recuerdo ir caminando por las calles de la ciudad junto con un par de voluntarios y que nos pararan a preguntarnos qué hacíamos ahí, siendo que veníamos desde tan lejos. En sus caras se dibujaba una sonrisa al saber que veníamos sin la intensión de sacar algún provecho, únicamente buscando crecimiento personal y comunitario mediante la colaboración a una sociedad más justa. Ir a una “vivencia Desafío Levantemos Chile” es una excusa, o más bien, una oportunidad, para descubrir las capacidades que nuestra superficie, egoístamente oculta, llevándonos al límite de lo verdaderamente humano en relación a nuestros talentos. La mística que se experimenta nos hace explorar nuestros sentimientos a flor de piel, como una herida abierta y latente, que te recuerda que estás ahí porque quisiste, porque te motiva, porque buscamos igualdad de oportunidades y crear algo para que cuando llegue tu día, te entierren con orgullo diciendo que te conocieron como un ser humano generoso, y nunca dejaste de serlo. Que llevarán tu legado hasta donde puedan y si no lo logran en plenitud, inspirarán a los demás para que tu huella nunca deje ser marcada. Una herida que nace en la primera noche y continua hasta nuevo aviso, porque en sí, la vivencia nunca termina.

La gente de Lota seguirá allí, con su profunda gratitud y generosidad hacia cualquier forastero que dedique su tiempo y energía a generar cambios. Por otra parte, la huella que Lota dejó en nosotros tampoco se desvanecerá y, cito a Sir Ernest Shackleton al decir que este viaje fue intenso, pero salimos victoriosos llevándonos  honor y una visión clara de la trascendencia de nuestros compromisos.

«Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de total oscuridad. Escasas posibilidades de regresar con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito.»

 

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