Mi experiencia con personas en situación de calle: Darles el respeto y cariño que merecen
- Valentina Fisher - ex guía de Voluntariado
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Esta semana le dejo el espacio a Florencia Campóo, voluntaria de la ciudad de Talca que nos cuenta lo que ha significado para ella conocer y vivenciar la realidad de las personas en situación de calle.
Hace algunos días tuve la oportunidad de ser parte de mi primera “Noche Digna”. Una instancia en la cual entregamos alimento y bebida caliente a personas en situación de calle. Llegué con miedo y vergüenza, pero siempre amparada en la seguridad que mis compañeros voluntarios con más experiencia demostraban. Todo avanzó completamente bien y terminó aún mejor. Sin embargo, prefiero no dar detalles sobre la actividad, porque es algo que cada uno debe vivir por su cuenta, pero quisiera hablar de lo que la actividad dejó en mí.
En este sentido, antes de participar de este programa voluntarios, tenía una opinión muy distinta a la que tengo ahora, basada en no más que prejuicios injustificados. Las personas en situación de calle viven bajo un complicado estigma. Cuando los demás piensan en ellos, piensan en delincuencia, piensan en drogadicción y no piensan en su calidad de personas. Y claro, podremos encontrar a algunos de ellos dentro de prácticas ilícitas, así como lo puedo estar yo y como podrías estarlo tú. Son tratados con indiferencia e irreverencia, sufren hambre y frío. Se les tiene temor. No tienen a nadie más que ellos para salir adelante. Y, aún más, mucha gente se ve en el derecho de criticarlos y maltratarlos, tan sólo por contar con una mejor situación material.
Es ahí donde entramos nosotros, donde no sólo les damos algo para comer o tomar, les damos un hombro en el cual apoyarse. Por muy corto que sea el rato que estemos con ellos les podemos entregar un poco de consuelo y les regalamos risas. Les damos respeto y admiración, como siempre lo han merecido.
Cada sábado por la noche tenemos la oportunidad de volver a descubrir la dignidad a cada persona para la cual trabajamos. Esa cualidad que tiene uno al respetarse y valorarse a sí mismo, cualidad que se ve arrebatada cuando los demás no te respetan ni te valoran, cuando te hieren o evitan.
Pero no crean que nuestra labor termine ahí, porque el verdadero desafío no es solamente esto. El verdadero desafío es perpetuar la actividad en nuestro día a día. Dándoles respeto y cariño no sólo los días sábados cuando realizamos Noche Digna; dándonos, también entre nosotros, respeto y cariño.
Me siento parte de este desafío. Siento que, gracias a la maravillosa experiencia que me da la fundación y cada uno de los voluntarios que aporta con su ayuda, podré cumplirlo. Y no sólo eso, espero que todo aquel que lea esta columna se sume al desafío de Noche Digna. Los invito a ser parte de este pequeño cambio cada noche, que algún día nos hará grandes. Los invito a compartir con otras realidades, a dar y recibir alegría y gratitud: no se arrepentirán nunca de haberlo hecho.
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