¿Nos hacemos los tontos o nos hacemos cargo?

Los jóvenes estamos llamados a llenar urgentemente los vacíos que dejan los programas de solidaridad social enfocados a lo material.

Guía de: Voluntariado

Ayudar a los demás, en especial a los más necesitados, por cierto, nace de la naturaleza misma del ser humano. Y en ello todos y cada uno de nosotros alguna vez ha sentido esa responsabilidad y probablemente, cumplido con ella al menos alguna vez en distintas instancias, unas más importantes que otras y refiriéndose a diferentes grados de compromiso, comenzando con el más básico, el asistencialismo, luego, otros con la filosofía de que “al pobre no hay que darle el pescado, sino que hay que enseñarle a pescar” (y darle la caña exigirán otros). Pero lo cierto es que, en un mundo materialista como el de hoy, hasta la solidaridad se ha visto afectada.

que-hacer

Es que, pensamos, de poco o nada sirve entregar techo, capacitación, trabajo, ropa y comida a un padre de familia si persisten los problemas de tráfico, drogadicción, alcoholismo, incesto, depresión, delincuencia, sexualidad, etc., como pasa en campamentos y poblaciones a menos de 20 minutos de mi casa, y que nace de la precariedad material, de trabajo, de oportunidades, y que contagia hasta la precariedad espiritual, humana completa, de abusos, desesperanzas, violencias.

Hoy una dirigente de campamento me contaba como un trabajador municipal le decía “yo sé la realidad y los problemas del campamento” y ella le responde “tu no conoces lo que pasa aquí a diario, a ti no te van a ver a tu casa a la 1 de la mañana porque no hay luz o porque los hijos de la María andan robando de nuevo. Tú no sabes lo que es vivir con el olor de los animales y la basura todos los días, no me digas a mí, que vivo aquí, cuál es mi realidad y cuáles son los problemas del campamento”.

¿A qué voy con esto? la labor de ayuda en concreto de los jóvenes, de los voluntarios, es aconsejar, de palabra y ejemplo. Dicha tarea, evidentemente, al estar fuertemente pendiente de la intimidad de la persona, no es nada de fácil. Por eso, para alcanzar ese objetivo, es fundamental -y el único camino en realidad- crear un vínculo con ellas, que haya amistad y confianza, y se forme así una relación humana fiel y profunda. O sea, conocer al necesitado a corazón abierto, personalmente, con nombre y apellido, en su individualidad, con sus necesidades y fortalezas, penas y alegrías, con sus carencias y esperanzas.

Somos la voz de los sin voz, hay familias, personas, dirigentes que hoy no los oye nadie y tenemos el poder de entregarles eso que les falta, ser escuchados. Como vemos, esto exige compromiso y perseverancia. Pero éste en todo caso nace muy naturalmente luego de vivirlo, pues, créanme, se hace muy difícil abandonar los campamentos y las poblaciones luego de convivir en ellos, con sus pobladores, con su realidad, con sus problemas. La responsabilidad de uno es mucha, y la esperanza de los más necesitados muy fuerte. Y es que al final, es un deber y una responsabilidad que no podemos ignorar.

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