Trabajando en la calle para ayudar a los que más lo necesitan: Calcuta es aquí, ahora

"Seamos ese cambio que el país pide a gritos, dejemos de hacernos los tontos y hagámonos cargo", dice el dramático llamado de una voluntaria.

Guía de: Voluntariado

Esta semana entrego el espacio para Constanza Dumenes, líder del programa Noche Digna en Puerto Montt y quien se encarga semana a semana de ir a visitar a personas en situación de calle en una de las ciudades más lluviosas de nuestro país. Espero que la experiencia de Constanza sirva para hacer parte a muchos más:

Cuando decidí asumir la coordinación de esta hermosa experiencia (que seguiré haciendo), jamás imaginé todo lo que aprendería, ni mucho de quién venía la moraleja…

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Recuerdo en alguna de las largas conversaciones, durante una vivencia, que escuché una de las tantas historias del gran Felipe Cubillos, en la cual le decía a una de sus hijas, que le mostraría el verdadero Calcuta a sólo 30 minutos de su casa. Desde entonces siempre lo pensaba, pero jamás dimensioné lo real que era esa situación y que yo misma podía experimentarla. Fue entonces que decidí coordinar Noche Digna, en la ciudad con los inviernos más fríos y con una alta tasa de lluvia durante todo el año.

En cuanto realicé la primera ruta, llegué a mi casa, me tiré sobre mi cama, con calor de hogar y por sobre todo un techo, y fue cuando comencé a visualizar el verdadero Calcuta, ese que vive día a día Don José, María, Josmen, Don Eliecer, el Pera y Nayo o quizás el mismo don Armando y cuantas más personas con tremendas historias de vida, que a pesar de todo en cada visita te reciben con gran sonrisa, y no solo porque vayamos a entregar un plato de comida, sino porque en medio de tanto padecimiento llegan jóvenes que dedicamos la noche de viernes, en la cual podríamos estar carreteando, estudiando o simplemente acostados calentitos bajo un techo, vamos para dedicar tiempo a escucharlos y sobre todo a aprender de cada uno de ellos, de sus vidas, y que con cada ruta nueva, estoy vivenciando una nueva experiencia.

Personas que no dudan ningún momento en contarte algo nuevo de su vida, sus padres, hijos, familia o lo que tenían antes de llegar a donde están, quizás como dicen algunos, ellos se lo buscan, pero si me preguntan a mí sería un rotundo no, antes de juzgar debemos escuchar, que frase más cierta en estas situaciones, y el eco que hace cada palabra, como cobra vida después de cada ruta. Como por ejemplo Don Eliecer, nuestro amigo del puente, quien a pesar de las adversas condiciones en las cuales vive, siguen con la misma energía de siempre, trabajando día a día por ganar algo de dinero y poder sobrevivir. O como Josmen y María, quienes se ganan su plata trabajando día a día en la venta de palas que él mismo confecciona en su casa. Es que María nos contó en las últimas rutas que había conseguido un trabajo y que comenzarían a tener una vida más estable, gracias a ello, decidieron dejar de recibir comida porque podían sustentarla por sus propios medios.

Fue una hermosa alegría, pero que a la vez nos hace pensar, no sólo porque estamos siendo testigos del fruto del trabajo y la constancia, ya que también creemos que las personas no debieran vivir en esos estados, hoy en pleno siglo XXI, con tanta tecnología y siendo un país en vías de desarrollo, que aún haya personas que vivan con lo justo diariamente, o que solo coman una vez al día, que no tengan un lugar digno en donde pasar la noche, que aun vivan en plena calle. Que personas como don Arturo, que no ha tenido oportunidades en años, sea un colchón y nylon el techo de su casa, que si pensamos con las condiciones climáticas de esta ciudad, ya vemos como queda y lo que puede suceder, que estuviera internado por más de un mes por enfermedades respiratorias y que al salir tenga que seguir bajo las mismas condiciones, con el inminente riesgo de poder recaer y quizás no vuelva salir.

Es por esto y muchas otras historias más, que debemos seguir siendo el agente de cambio y construcción para la sociedad civil, seamos ese cambio que el país pide a gritos, dejemos de hacernos los tontos y hagámonos cargo de las situaciones, emergencias y, por sobre todo, de ese Calcuta que está a la vuelta de la esquina, reventemos la burbuja y observemos nuestro alrededor, te aseguro que ni te imaginas lo que pasa y mucho menos los cambios que puedes hacer si tan solo te lo propones, desde una conversación hasta regalarles una frazada, todo es un impulso una ayuda para estas personas. Yo no quiero seguir viendo esto, por eso dejé de hacerme la tonta y me hice cargo, dejé de ser parte del problema y soy parte de la solución.

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