Tres días en la Población Los Nogales: Cómo el voluntariado te enseña lo que de verdad puedes ser

La oportunidad de compartir con gente de tal calidad humana, marcó un antes y un después en la forma de ver el objetivo del voluntariado.

Guía de: Voluntariado

Esta semana le dejo el espacio a Francisco Cancino, voluntario de San Fernando que nos contará lo que significó para él conocer y trabajar en unas poblaciones más emblemáticas de la Región Metropolitana.

¿Por qué cambiar unos días de descanso por un fin de semana en la población Los Nogales de Estación Central? La verdadera respuesta a esta interrogante no la encontraremos en palabras sencillas o en frases de antaño. El hecho de haberme planteado esta disyuntiva me llevó a emprender un desafío aún más grande de lo que las expectativas auguraban, tres días en los cuales el tiempo dejó de cumplir su función cotidiana y se convirtió en un actor secundario en el guión que, voluntarios y habitantes de la población Los Nogales, escribieron juntos.

Maletas listas; colchonetas dobladas, comida cargada y energías renovadas. Todo se estaba dando de acuerdo a lo presupuestado. Un equipo de voluntarios, dirigidos por personas con capacidades de liderazgo innatas, marcaba presencia en la sede de Desafío Levantemos Chile. Novatos, segundas experiencias, profesionales en el ámbito del voluntariado. Esta aventura daba para todo. La sed de realidad, plasmada en los voluntarios, no podía esperar más.

Voluntariado Los Nogales

 

Una vez instalados en la que sería nuestra casa, comenzó a tomar forma el ambiente en el que niños, jóvenes y adultos compartiríamos por los siguientes tres días. Una atmósfera en la que los sueños de un montón de niños, las esperanzas de la Sra. Orlanda y el ritmo de una numerosa comunidad haitiana se fusionaron creando una llama viva dentro de mí, un fuego difícil de consumir, un sinfín de reflexiones que solo podrían ser resueltas una vez comenzados los proyectos que teníamos planeados.

Las tareas que se nos presentaron eran claras; labores de reconstrucción, limpieza y entretención. Misiones que en el papel se mostraban sencillas, tenían un trasfondo sumamente importante en el porvenir de los involucrados, directamente, con los respectivos proyectos.

Sentir el calor que la Sra. Orlanda transmitía al agradecer el arduo esfuerzo realizado por los voluntarios, sonrisas extasiadas por parte de los niños y el constante apoyo de parte la comunidad hacia nosotros, fueron factores que me llevaron a cuestionar cuáles eran realmente mis prioridades, hacia donde se encontraba mi norte.

Pequeñas conversaciones con habitantes de Los Nogales bastaron para terminar de darme cuenta que todo esto no se trata de únicamente cumplir, o entregarse a los demás por un sentimiento de culpa e impotencia. Este tipo de experiencias te llevan más allá de tus límites, incitándote a la reflexión. Es una clara invitación a alcanzar la felicidad a través de lo inmaterial. La oportunidad de compartir con gente de tal calidad humana, marcó un antes y un después en mi forma de ver el objetivo del voluntariado y el efecto que causa en el receptor.

El tiempo para descansar lo encontraremos en otras oportunidades, el llamado que tenemos cada uno de nosotros, en este preciso instante, es demostrar que somos salmones, no sardinas. Un llamado a tomar el toro por las astas y hacernos responsables como sociedad civil del país del que somos parte. La verdadera respuesta a todo lo anterior es el auto desafío.

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