Una voluntaria preocupada por la Educación: Inquietud sobre el creciente rol del Estado
- Pablo Goyheneche, ex guía de Voluntariado
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Una joven voluntaria, que ha tenido la experiencia de hacer reforzamiento escolar a niños de campamentos en Santiago, se me acercó muy preocupada hace una semana. Había decidido informarse sobre la Reforma Educacional para estar al tanto de los futuros cambios: Más que respuestas, encontró dudas.
En esta columna pretendo contestar el principal cuestionamiento de esta joven ¿Por qué el Estado está quitando la opción de mejorar la educación a las personas simples y corrientes?
Las reformas en materia de educación, más allá de las discusiones superficiales, están basadas en la desconfianza del Estado a la sociedad civil. No solo desconocen que son las personas las que empujan este país al desarrollo, sino que además empequeñecen el derecho a su libertad de educar, de emprender y de asumir riesgos.
Un Estado que desconfía no está tomando en cuenta la mayor virtud que posee una sociedad: hacerse cargo de los problemas. En educación, esta reforma, monopoliza las herramientas de enseñanza en un solo actor: El Estado, sin tomar en cuenta a las familias y las personas que libremente han optado por asumir el riesgo de impulsar una mejor de educación para las generaciones nuevas.
Un Estado que confiara en su sociedad abriría y estimularía a las personas a poner sus mejores talentos, virtudes y capital a promover una educación de calidad y libre. Tendría un marco legal fuerte para que no existiera aprovechamiento de esta oportunidad y fiscalizaría a quienes no entregan el profesionalismo necesario en esta materia. Porque quien quiere invertir en educación debe tener claro que está jugando con el destino de los más olvidados por la sociedad, esto es una responsabilidad mayor.
Un Estado que desconfía de la sociedad está prohibiendo su autonomía y le ofrece a las personas que sus problemas se los entregan al aparato público para que este los solucione bajo sus parámetros y su sistema, los asiste en todo momento matando el alma emprendedora que existe en cada uno de nosotros.
Un Estado que confía en quienes le han entregado el poder, velaría por construir un país confiable con servicios de excelencia, permitiendo una plataforma de oportunidades para que cada uno pueda construir su futuro. Un Estado que confía toma las tareas que la sociedad en su conjunto no puede realizar y fomenta en todo momento a las personas a realizarlas en un futuro. Un Estado que motive, permita y asegure a su sociedad la posibilidad de tener el control propio de sus vidas.
Me parece que un Estado que desconfía, busca tutelar a las familias y controlar sus expectativas. Un Estado que confía busca, en todo momento y lugar, devolver a la sociedad el poder y hacerlas protagonistas de su historia.
No se trata de cambiar al Estado por el mercado o viceversa. Esto trata de que, entre estos dos actores, la sociedad sea capaz de resolver los problemas públicos.
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