¿Es mi hijo ya un adolescente?

Hombres y mujeres deben transitar por la adolescencia para desembarcar en la adultez, pero en ambos sexos el paso a la adolescencia es acompañado por un desarrollo biológico llamado pubertad.

Guía de: Adolescencia

Técnicamente adolescencia y pubertad son dos procesos diferentes, pero complementarios. Para arribar a la adolescencia es necesario que el cuerpo esté biológicamente preparado, es decir listo para desarrollar sus caracteres sexuales secundarios, esta etapa recibe el nombre de pubertad.

En el caso de los varones la pubertad se inicia con la primera eyaculación. Si bien la edad varía en cada sujeto, ésta ocurre aproximadamente entre los 12 y 16 años de edad, siendo los 14 años una media de la población.

Hijo adolescente

Foto: Carla Dannemann

Técnicamente adolescencia y pubertad son dos procesos diferentes, pero complementarios.

La eyaculación o secreción de líquido seminal dónde se transportan los espermatozoides no es el único cambio biológico en el organismo. El aumento de la testosterona, hormona que produce el cambio de voz, la barba, el vello púbico, y el cuerpo “masculino” del varón son otros de los cambios que se van viendo a medida que el adolescente transita su pubertad.

Testosterona y cambios de humor

La hormona masculina que a la entrada de la pubertad sufre una elevada alza es también la responsable del estado de humor del adolescente. En la actualidad se conocen dos ciclos hormonales por los que el hombre debe transitar gracias a la testosterona: uno de 24-48 horas y otro de aproximadamente 5 semanas. Estos ciclos determinan el humor del varón y su interés sexual.

Gracias a estos ciclos es posible ubicar la causa de los “sueños húmedos” y sueños eróticos que los varones tienen recurrentemente en esta etapa. El alza de la testosterona por la madrugada es la responsable de las eyaculaciones nocturnas de los púberes.

Maduración de los caracteres sexuales masculinos

La eyaculación significa que los testículos ya son capaces de producir espermatozoides, por ende fecundar los óvulos femeninos. Esta capacidad reproductiva marca el inicio del último escalón del ciclo que los adolescentes deben transitar corporalmente para convertirse en progenitores.

Debido al alza de testosterona y el fuerte deseo sexual que ésta imprime a la vida adolescente, durante la pubertad aumenta fuertemente la conducta masturbatoria que se había detenido alrededor de los cinco años. Esta reactivación de la masturbación revela que aproximadamente el 90% de los adolescentes varones se masturba con una frecuencia de tres a cuatro veces por semana.

Educación sexual y falta de información

Si bien es cierto los adolescentes de hoy en día son mucho más conscientes de sus procesos corporales que los jóvenes 30 años atrás, no deja de ser cierto que las primeras manifestaciones de la madurez sexual provocan dudas, culpa y temor en los púberes.

La reprimenda adulta por la masturbación, la dificultad de entablar conversaciones sexuales familiares con normalidad y la incomodidad y poca información entregada por los adultos respecto a la irrupción del deseo sexual, hacen que los jóvenes se sientan culpables y temerosos de resolver sus dudas.

Los “sueños húmedos” por ejemplo, son una gran causa de angustia y culpabilidad en los adolescentes. La falta de información respecto a la normalidad de este proceso biológico corporal hace que los varones oculten los hechos que los llenan de vergüenza.

En este caso las mujeres transitamos la adolescencia de una forma mucho más informada. La gran mayoría está al tanto de la primera menstruación y lo que ese proceso implica en su vida, sin embargo, los hombres deben transitar estos cambios corporales mucho más alejados del mundo adulto, lo que los lleva a refugiarse en información proveniente de los medios de comunicación y de sus propios pares.

La relación de los adultos con el púber debiera ser más natural. Hablar con normalidad de los procesos biológicos propios de esta etapa ayudaría a reducir los niveles de culpabilidad por las conductas masturbatorias o la polución nocturna y permitiría enfrentar con más tranquilidad, responsabilidad y conocimiento esta nueva etapa llena de cambios físicos, emocionales y psicológicos.

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