“Carta a mi agresor sexual”: Las dramáticas palabras de una joven abusada que remecieron a un país

Ione Wells es el nombre la londinense que tiene a todo el Reino Unido revolucionado con la carta pública que dirigió a su agresor sexual.

Guía de: Adolescencia

Hasta la madrugada del 11 de abril, Ione Wells era una adolescente de Camden, al norte de Londres, que estudiaba literatura en Oxford y llevaba una vida como muchos de su edad. Sin embargo, esa noche, mientras regresaba a su casa, se cruzó con un hombre que la atacó sexualmente.

Luego del episodio y con ganas de demostrarle a ese desconocido que no se dejaría intimidar por el abuso, escribió una carta abierta relatando escalofriantes episodios del ataque: “Tú no vas a ganarme”, desafía.

“No puedo enviarte esta carta porque no sé tu nombre”, comienza su texto, publicado originalmente en la revista universitaria Cherwell: “Solamente sé que te han acusado de asalto sexual agravado y prolongado de naturaleza violenta”, describe en el relato al tiempo que relata cómo fue golpeada y violentada esa noche.

“No me atacaste solamente a mí esa noche. Soy una hija, soy una amiga, soy una novia, soy una alumna, soy una prima, soy una sobrina, soy una vecina, soy la empleada que sirve café a todos en el bar del tren”, escribió como forma de conectarse con todas aquellas mujeres que deben salir adelante después de una agresión sexual.

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Este es el texto de la carta completa

A mi violador:

“No puedo enviarte esta carta porque no sé tu nombre. Solamente sé que te han acusado de asalto sexual agravado y prolongado de naturaleza violenta. Y tengo una pregunta.

Cuando te grabaron con cámaras de seguridad siguiéndome a través de mi vecindario, cuando esperaste a que llegara a mi calle para acercarte a mí, cuando me apretaste la cara con tus manos hasta que no pude respirar, cuando me pusiste de rodillas hasta que mi cara sangró, cuando luché contra tus manos lo suficiente para poder gritar.

Cuando me arrastraste de los pelos, cuando golpeaste mi cara contra el pavimento y me dijiste que dejara de gritar pidiendo ayuda, cuando mi vecina te vio desde su ventana y te gritó, y tú la miraste a los ojos y seguiste dándome patadas en la espalda y en la nuca.

Cuando rompiste mi sostén a la mitad por la fuerza y me tomaste mis pechos, cuando no buscabas mis pertenencias porque querías mi cuerpo, cuando fracasaste en tener mi cuerpo porque todos mis vecinos y mi familia salieron, y tú los viste cara a cara… ¿nunca te acordaste de las personas de tu vida?

No conozco a las personas que hay en tu vida. No sé nada de ti. Pero sí sé esto: no me atacaste solamente a mí esa noche. Soy una hija, soy una amiga, soy una novia, soy una alumna, soy una prima, soy una sobrina, soy una vecina, soy la empleada que sirve café a todos en el bar del tren. Todas las personas que forman esas relaciones conmigo hacen crecer a mi comunidad, y tú asaltaste a todas ellas. Violaste una verdad por la que nunca dejaré de luchar, y que todas esas personas representan: que hay infinitamente más personas buenas que malas.

Esta carta en realidad no es para ti. Es para todas las víctimas de intentos o de violaciones sexuales consumadas y los miembros de sus comunidades. Estoy segura de que recuerdas que los terroristas no ganaron, porque al otro día toda la comunidad de Londres volvió a subir al metro  (hace referencia a los atentados del 7 de julio de 2005 en el metro de Londres). Tú llevaste a cabo tu ataque, pero ahora vuelvo a mi propio metro.

Mi comunidad no se sentirá insegura volviendo a casa después de que oscurezca. Vamos a tomar el último tren y vamos a caminar solos por las calles, porque no inculcaremos ni suscribimos la idea de que nos estamos poniendo en peligro por hacer eso. Seguiremos juntándonos, como un ejército, cuando un miembro de nuestra comunidad sea amenazado, y ésta es una pelea que no vas a ganar.

La comunidad es una fuerza que todos subestiman. Recibimos nuestros periódicos todos los días del mismo vendedor, saludamos a la misma señora que camina con su perro por el parque, nos sentamos cerca de las mismas personas cada día en el tren. A cada individuo que conocemos y cuidamos quizás lo veamos apenas unos segundos por día, pero comparten una gran parte de nuestras vidas. Alguien me dijo, más de una vez, que por poco familiar que parezcan, las caras de nuestros sueños siempre son caras que hemos visto antes. Nuestra comunidad está impregnada en nuestra mente. Tú, mi violador, no has demostrado ninguna debilidad mía, ni de mis acciones, pero has despertado la solidaridad de la humanidad.

Mañana lo verás, no importa si estás o no en prisión hasta el día del juicio, porque te declaraste “no culpable” y eres una amenaza para la comunidad. Mañana, tendré mi vida nuevamente. Mientras estás sentado esperando tu juicio, espero que no pienses solamente en lo que has hecho. Espero que pienses en tu comunidad. Tu comunidad, aunque no la veas alrededor tuyo cada día, está ahí. Está en todas partes.

Tú subestimaste a la mía. ¿O debo decir a la nuestra? Podría decir algo del tipo: ‘Imagina si hubiera sido un miembro de tu comunidad’, pero en lugar de eso prefiero decir esto. No hay límites para la comunidad; solamente hay excepciones, y tú eres una de ellas”.

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