¿Cómo enfrentar a un adolescente “tirano”? Un fenómeno creciente y preocupante

Según los estudios, los hombres son más proclives a desarrollar estas conductas violentas. Prevalecen entre los 9 y 17 años y son ascendentes. Por eso, para su tratamiento, se propone abordaje interdisciplinar.

Guía de: Adolescencia

Los hijos mandones son un problema cada vez más común. Incluso, se los bautizó como el síndrome del Emperador, porque son ellos quienes se erigen como los jefes indiscutidos de sus familias: ordenan qué comer, dónde salir, a qué hora dormir o qué programa de televisión ver, por ejemplo.

Así, cada vez es más frecuente leer artículos de prensa que recogen el aumento de los niños ya adolescentes tiranos, alertan de su aumento y explican cuáles son los riesgos de esta tiránica conducta.

¿Qué es el Síndrome del Emperador?

emperadorMiguel Clemente (profesor de la Universidad de La Coruña) y Vicente Garrido (Profesor de la Universidad de Valencia) analizaron el tema en unas jornadas de reflexión sobre adolescentes en conflicto.

En palabras de los expertos, el perfil de “los pequeños tiranos” suele ser el de un varón de 9-17 años, hijo único y de clase media alta. Su comportamiento se caracteriza por ser agresivo y mantener actitudes desafiantes o provocadoras. Asimismo, suelen presentar un alto nivel de egocentrismo, baja tolerancia a la frustración y a la empatía.

Si bien es cierto que la ausencia de límites o un estilo educativo basado en atender todas sus peticiones son factores que pueden facilitar su aparición, es de vital importancia corregir la idea errónea de que la culpa es de los propios padres, no sólo porque puede generar obstáculos en el tratamiento, sino porque este tipo de violencia suele ser selectiva y no una constante de la personalidad, es decir, los menores pueden tener este comportamiento en la familia, y una conducta impecable en la escuela, plantean en el Centro de Adicciones de Barcelona.

¿Las razones?

Para los expertos, en los casos de tiranía infanto-adolescente confluyen una serie de factores, entre los que encontramos la genética, causas familiares y ambientales.

Así, hay quienes lo ubican como una consecuencia del abandono de las funciones familiares, que por tener que responder a las necesidades económicas sociales, entrega el cuidado de los hijos a los aparatos tecnológicos y, cambia las reglas, por aceptar cada uno de sus deseos, como forma de compensación emocional.

También se ubica a la sobreprotección como una posible causa. La ausencia de autoridad, la permisividad y la falta de elementos afectivos en la relación con los hijos, también se identifican en la formación de este maltrato de los niños a sus padres.

En cuanto a la genética, los autores lo ubican en la posesión de una estructura cerebral que dificulta las relaciones de afecto y desarrollo de consciencia. Así, usan a los progenitores como objetos, para conseguir sus propósitos impulsivos e inmediatos, sin mediar consecuencias.

En tanto, Erika Fernández Abascal, investigadora de la Universidad de Cantabria escribió sobre El síndrome del emperador: la tercera forma de maltrato intrafamiliar.

“El término Violencia Filio Parental según Aroca hace referencia a ese tipo de violencia intrafamiliar, donde el hijo o hija actúa intencional y conscientemente contra sus progenitores (o quienes ocupen su lugar) con el deseo de causarles daño, perjuicio y/o sufrimiento, de forma reiterada a lo largo del tiempo, mediante la violencia psicológica, física y/o económica, con el fin de obtener poder, control y dominio sobre sus víctimas para conseguir lo que desea”, indica la autora.

En su trabajo, describe la evolución del síndrome en las últimas décadas. También caracteriza las fases de la violencia, las que según Rechea y Cuervo (2010) suponen tres fases, las que son ascendentes:

*Fase de inicio: Niños que cometen uno o dos tipos de maltrato. Sin haber llegado a cometer los tres posibles(físico-psicológico y financiero). La gravedad de la conducta es baja y no alcanza a superar los 10 episodios en 5 años.

*Fase intermedia: Dos o tres tipos de maltrato, en algunos casos con baja frecuencia (3 a 10 veces) y en otros alta (11 a 20 episodios).

*Fase álgida: dos o tres tipos de abuso con frecuencia muy elevada. Episodios violentos que superan los 20 ataquen en cinco años.

Así, la autora trabaja en identificar otros puntos de aparición del síndrome. Ubica a los progenitores, como principalmente, de edad tardía; también de clase social media o alta, generalmente con educación superior. Además, indica que la literatura revela que las madres son las más afectadas por los comportamientos agresivos de sus hijos.

Consecuencias para la familia

Entre las principales consecuencias de este comportamiento se describen la disfunción del ambiente familiar, distanciamiento de sus miembros y en modificaciones del comportamiento del núcleo afectado, integrantes que se ven afectados por desvaloración y estrés emocional, principalmente.

Así, lo que se supone como la mejor terapia luego de la detección del problema es un abordaje interdiciplinar, donde psicología, medicina, enfermería y educación combinen sus esfuerzos para ayudar a los progenitores y trabajar con los adolescentes, antes que sus actitudes violentas los lleven a cometer excesos más allá de los permitidos por la ley, o se conviertan en adultos abusadores y maltratadores.

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