¿Cómo reencantar a mi hijo con el colegio y el estudio?

Bajas notas, problemas de concentración, dificultad para hacer las tareas, una larga lista de factores hace que algunos padres se pregunten qué hacer para mejorar el rendimiento académico de sus hijos.

Guía de: Adolescencia

Bajas notas, problemas de concentración, dificultad para hacer las tareas en la casa, pocos y mal entrenados hábitos de estudio… una larga lista de factores hace que algunos padres se pregunten qué hacer para mejorar el rendimiento académico de sus hijos, cómo motivarlos para que les guste más el colegio y estudiar y que, en definitiva, sea más grato para todos los miembros de la familia la escolaridad de los adolescentes.

La diferencia de la escolaridad de un adolescente con respecto a un niño radica en la diversificación de las áreas de interés de las personas, que con el paso del tiempo se van complejizando y generando nuevas redes sociales, actividades y necesidades a satisfacer. Mientras los padres de niños pequeños aun pueden determinar los tiempos y reglar las actividades que estos realizan, para los padres de adolescentes la tarea no es tan simple, sus hijos discuten sus órdenes por lo que aquellas cosas que antes eran simples – a la hora de estudiar- se pueden ir caotizando si no se saben llevar de la manera correcta.

Escolaridad adolescente

Hijo Estudio

Foto: Harold Castillo

Se debe encausar las ganas de los jóvenes y volverlos a conectar con el mundo del estudio.

Cómo lo hemos comentado en diversos artículos, la adolescencia está marcada por los cambios a nivel biológico, psíquico, físico y emocional por lo que se produce una importante alteración del sujeto que sigue desarrollándose.

En este marco de cambios es que la escolaridad también entra en crisis. La avalancha de nuevas sensaciones, la importancia del grupo de pares, y los desbarajustes anímicos que experimentan las personas en esta época de la vida relega al estudio y a las labores académicas a un segundo e incluso tercer plano.

La preocupación de los padres es evidente y entendible. Qué pasó con mi hijo/hija, que antes le iba tan bien en el colegio y ahora no hace ni las tareas, es alguno de los comentarios que los profesores deben escuchar en las reuniones de apoderados.

Explicado el por qué se generan estas variaciones en la conducta del adolescente, resulta importante poder destacar las fórmulas para abordarlo de la mejor manera. Encausar las ganas de los jóvenes y volverlos a conectar con el mundo del estudio. ¡Ojo! No se puede pretender que sigan siendo los mismos que cuando niños.

Técnicas para facilitar el aprendizaje

Trabajo en equipo: En un momento de la vida donde el grupo de pares se torna fundamental no queda más que unirse a esa necesidad. El viejo adagio popular “si no puedes contra ellos, únete” cobra valor.

Que los adolescentes puedan estudiar en grupo y que adquieran la rutina de hacerlo permite que pasen tiempo entre sus pares con un objetivo claro, esta vez el estudio.

Para evitar que se vayan del tema es importante que los tiempos de acción estén definidos, algunos minutos (máximo 30) para estudiar o hacer tareas y largos recreos donde los jóvenes puedan saciar su necesidad de comunicación con el otro.

Ser flexible es importante, no espere que se junten en grupo y estudien todo el día, si es mucho lo que deben aprender es mejor que lo hagan con varios días de anticipación y por periodos breves de tiempo, siempre respetando los momentos de dispersión.

Actividades extras: ¡El colegio es tu única obligación!, cuántas veces escuchamos esta frase en nuestras casas. En sentido estricto, el colegio no es la única obligación que los adolescentes tienen. El estudio es sólo un lado más de todo lo demás, ellos deben ser hijos, amigos, miembros de una sociedad y en cada uno de esos roles desarrollan y desempeñan ciertas obligaciones.

Considerando esto es una buena alternativa incentivar, reforzar los comportamientos que queremos se repitan en el tiempo. Queremos que estudie más, bueno propongámoselo como un intercambio de algo que quiere hacer. Queremos que suba las notas, regalémosle su plato favorito de comer.

Lo importante es que sea un refuerzo y no un castigo. No se trata de privar por cosas no hechas sino de premiar por logros obtenidos. Que el único castigo sea no obtener el premio.

Profesores particulares: Esta es una decisión difícil de tomar. Tiene ribetes económicos importantes, pues para una familia decidirse por contratar a un profesor particular implica un desembolso de dinero no siempre estipulado.

Hay casos dónde contratar los servicios de un docente que refuerce los contenidos escolares es absolutamente necesario. Los beneficios de esta modalidad son:

  • Refuerzo de los contenidos vistos en clase: siempre es positivo reforzar lo aprendido. Se graba en la memoria y es más fácil acceder a ellos.
  • Enseñanza por un externo a la familia: el que la voz de autoridad respecto a los horarios, contenidos y formas de enseñanza provengan de una persona ajena al vínculo afectivo de los estudiantes hace que estos respondan de mejor forma a lo que se les quiere transmitir.

¿Por qué ocurre esto? En la adolescencia las figuras de autoridad paterna pasan por una crisis. Los adolescentes se sienten lejanos y algo rivales de sus progenitores, motivo por el qué rebaten y se resisten a sus consejos y órdenes. Entregado desde afuera, la enseñanza no resulta traumática y si el profesor logra conectar con las necesidades particulares de su estudiante se va a generar un vínculo positivo que acercará a los jóvenes a lo académico.

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