Epilepsias, riesgos de que se presente en la adolescencia

Los cambios biológicos vividos en la adolescencia en algunas ocasiones son los detonantes de crisis epilépticas. Sus razones y tipos a continuación.

Guía de: Adolescencia

La pubertad y adolescencia son procesos que se caracterizan por la elevación de los mecanismos de excitación, relacionados con la “fiesta” hormonal que caracteriza este periodo, hacen que las crisis convulsivas sean más frecuentes que en otras épocas de la vida.  Según los expertos alrededor del 18% de las epilepsias se inician en el tramo etario que va entre los 12 y 18 años.

Tipos de epilepsia que se desarrollan en la adolescencia

Existen variados tipos de epilepsias que se pueden presentar con mayor frecuencia durante la adolescencia. Algunos de ellos son:

Epilepsia

Imagen: Francisco Olea

L “fiesta” hormonal que caracteriza este periodo hace que las crisis convulsivas sean más frecuentes que en otras épocas de la vida.

a)  Epilepsia con ausencia juvenil (EA): Su inicio se ubica entre los 10 y los 17 años, afectando a ambos sexos. Clínicamente hablando esta epilepsia afecta parcialmente a los niveles de consciencia del sujeto, que se pueden reconocer como pequeños “cortes de corriente” en quienes lo viven. No es la crisis convulsiva sino un episodio de inactividad de la consciencia que puede durar un par de segundos, siendo más frecuentes por la mañana, al despertar del sueño nocturno.

b) Epilepsia mioclónica juvenil (EMJ): El marco de edad para su desarrollo es mayor que el de EA, esta forma de epilepsia se puede presentar entre los 8 y los 26 años de edad, atacando de igual forma a ambos sexos. Un 25% de los afectados tiene antecedentes familiares de esta enfermedad. El episodio tiene sacudidas  bruscas de miembros superiores (manos y brazos), y si ocasionalmente se afectan los miembros inferiores, con caída. No hay pérdida de conciencia y al igual que la EA su mayor incidencia es por la mañana.Existen algunos factores como la privación del sueño o el consumo de alcohol que pueden desatar las crisis en quienes padezcan este tipo de epilepsia.

c) Epilepsia con Crisis Tónico-clónicas Generalizadas (GMD): la edad de inicio se da entre los 9 y 18 años, en este caso las posibilidades de desarrollarlas se inclinan levemente en los varones. Al igual que en los dos casos anteriores, los antecedentes familiares representan un factor de riesgo para el desarrollo de la enfermedad. En el caso de la GMD las crisis se presentan con rigidez corporal, seguida de sacudidas de todas las extremidades; ruidos guturales y respiración irregular son también características de este tipo de epilepsia. Debido a la gran cantidad de miembros que están comprometidos en estas crisis, existe posibilidad de que durante el ataque el sujeto muerda su lengua o relaje sus esfínteres. Se desencadenan por la privación de sueño, consumo de alcohol y estrés físicos / psíquico, entre otros.

Para la gran mayoría de las personas, las crisis epilépticas son fuente de miedo y preocupación. Lo imprevisto de sus apariciones sumando al desarrollo mismo de la crisis, hacen que los familiares y los propios pacientes se asusten mucho frente a estos cuadros. Sin embargo, es importante saber que con la medicación adecuada y siguiendo algunas rutinas, las posibilidades de desencadenar crisis son menores, de este modo muchas personas viven con este mal y hacen una vida completamente normal.

Algunas recomendaciones

Lo más importante es acudir inmediatamente al neurólogo ante el más pequeño asomo de síntoma epiléptico.

En el caso de los adolescentes que ya han sido diagnosticados, es necesario transmitir la calma y la responsabilidad con la que deben asumir su enfermedad. Si ellos aprenden a ser responsables, mínimos cambios permitirán que lleve una vida muy parecida a la que tenía antes de la enfermedad.

Emocionalmente es fundamental recomendar al adolescente que haga el tipo de vida que hacía antes de sufrir las primeras crisis, la de cualquier adolescente de su edad y capacidad con algunas precauciones. Los padres no deben entender que su hijo no puede hacer nada, pues esto le causará mayores niveles de stress al adolecente, y lo hará vivir su enfermedad como un gran impedimento.

  • evitar la privación o disminución de las horas de sueño
  • evitar la práctica de deportes de riesgo como motociclismo, escalada, parapente etc.;
  • realizar deportes como natación, bicicleta, running…
  • no consumir bebidas alcohólicas
  • mirar la TV a una distancia de tres metros en un lugar iluminado
  • cubrirse la cara o ponerse de espalda a las luces destellantes que hay en las fiestas

Son algunas de las recomendaciones que los jóvenes que padecen esta enfermedad deben tener en cuenta. De esta manera y con la medicación adecuada la vida no cambiará abruptamente.

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