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70 Años de El Principito, un tesoro para la humanidad

El Principito le habla a ese niño que representa la inocencia, la ilusión y la autenticidad con que debiéramos mirar todo.

Guía de: Alma

Quienes trabajamos en el mundo editorial sabemos que luego de 70 años de escrita una obra literaria, se liberan los derechos de autor y esta pasa a ser patrimonio de la humanidad.

Más allá de estas convenciones técnicas, de llevar más de ciento cincuenta millones de ejemplares vendidos en todo el mundo, y de haber sido traducida a más de 270 idiomas y dialectos, un récord editorial sólo superado por la Biblia y otros textos religiosos,  El Principito siempre fue, es y será, un tesoro para la humanidad.

La historia del pequeño príncipe es un libro transversal, es decir, puede ser gozado tanto por un niño de siete años como por un adolescente de 14, o un adulto de 40 o 90 años, pero también es un libro iniciático, es decir, un libro que abre puertas y muestra caminos.

Desde la dedicatoria para adelante, “A León Werth cuando era niño”, nos damos cuenta que el autor creía y apelaba a ese niño que todos llevamos dentro.

El principito

Foto: Internet

La apariencia de libro breve, casi un cuento, con ilustraciones, es otra de sus maravillas. La sencillez, la fragilidad, la vulnerabilidad, se dirigen tanto en fondo como en forma a nuestro niño interior, a  nuestra esencia, a esa chispa prístina y divina que poco a poco vamos perdiendo a lo largo de la vida, tras capas y capas de personalidad.

El Principito le habla a ese niño que representa la inocencia, la ilusión y la autenticidad con que debiéramos mirar todo.

“Todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque pocas de ellas lo recuerdan”

“Las personas mayores nunca son capaces de comprender las cosas por sí mismas, y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones”,

“A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: “¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?” Pero en cambio preguntan: “¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?” Solamente con estos detalles creen conocerle.”

La vida con sus experiencias nos va dañando, y así nos vamos llenando de corazas y defensas; quitárnoslas, desaprender esos caminos, es el viaje de la vida. Esa es la invtación, la de poder volver a estar desnudos bajo las estrellas, frente al agua que no moja.

Pues sólo quien se ama, se conoce, ama a los demás como a sí mismo y está conectado a La Fuente, puede relacionarse cándidamente con el mundo.

Y es que lo esencial es invisible a los ojos. Y sólo se ama lo que se ha domesticado.

“Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día cada uno pueda encontrar la suya”.

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