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La Virgen María, un alma iniciada de inquebrantable fe

Según sabemos, la Virgen María, se vio al menos un par de veces más sobrepasada por el misterio, y sin embargo, vivió en paciente espera de la revelación.

Guía de: Alma

“Mónica, quiero ser amiga de tu Virgencita, la Desatanudos, ¿hay imágenes de ella, rezos, cómo le pido? Cuéntame como lo haces tú…”

Te mando  aquí un portal de la Virgen Desatanudos, para que la conozcas, pero en realidad no tienes que hacer nada más especial que abrirle tu corazón y confiar.

La clave es confiar.
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La Virgen María, la madre de Dios, mantenía la elevada luz de la conciencia. La fuerza moral, la cual, trabajando por el bien, crea el Alma Consciente y finalmente el Alma Espiritual.

 
Ella es nada menos que  la “buena tierra”, capaz de dar nacimiento a Dios, a través de la fertilización del Espíritu Santo, dignísima de recibir la luz de la Verdad en el Alma.
La hondura de la oración de María, que era un alma iniciada, se ve en su inquebrantable fe, que se manifiesta en el Magnificat cuando el ángel le anuncia que será madre de Dios, y ella responde al llamado, que aunque la desconcierta, acepta con total humildad.
Según sabemos, al menos un par de veces más, se vio sobrepasada por el misterio:
María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón” (Lucas 2, 19)
(Cuando nace Jesús y se confirma con la llegada de los Reyes Magos Astrólogos que su hijo efectivamente es el Mesías))
 
“Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón” (Lucas 2,51).
(Cuando Jesús se pierde a los doce años en el templo, y frente a la natural preocupación de madre, el niño le responde que debe ocuparse de los asuntos de su Padre Celestial )
María, no todo lo comprendía. Y  sin embargo, vivió  en paciente espera de la revelación.

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