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Una especial carta abierta al año 2011

Querido año 2011, fuiste un año emblemático, en que comenzaron a caerse los velos y la Humanidad comenzó a comprender que es protagonista en su propio destino.

Estimado año 2011, basta señalar que muchas de las predicciones de que serías un año potente en muchos aspectos, se cumplieron. No todas, menos mal. Pero a modo de resumen, sí: terremotos, tragedias varias, accidentes… vimos separaciones, muerte de seres queridos, de proyectos y sueños. Pero el motivo de esta carta, no es darte un retrato de lo que fuiste –que ya lo conoces bien- sino de contarte que quiero darte las GRACIAS y con mayúscula por el camino recorrido.

Dicen los pleyaidianos, a través de Bárbara Marciniak, que los seres humanos tenemos una habilidad extraordinaria para sobreponernos a la adversidad y así lo hemos demostrado. Que somos un referente para el Universo en términos de la capacidad profunda de amar a nuestros semejantes y qué mejor manera de demostrarlo que ver lo sucedido durante tu transcurso.

Ano Nuevo

Imagen: Aetos

Querido año 2011, fuiste un año emblemático.

Querido año 2011, fuiste un año emblemático, en que comenzaron a caerse los velos y la Humanidad comenzó a comprender que es protagonista en su propio destino. Está claro que todavía no sabemos muy bien para dónde va todo esto, pero sólo nos queda averiguarlo. Hoy escuché una historia muy bonita acerca de un padre de provincia que cada vez que se perdía manejando por la capital, le decía a sus hijos para tranquilizarlos “no estamos perdidos, sólo estamos conociendo”. Qué mejor manera de responder a esa incertidumbre que nos apremió  durante estos doce meses. El no saber hacia dónde ir, pero reconociendo el encanto de los caminos nuevos, desconocidos, muchas veces inquietantes, pero abiertos a la maravilla del cambio.

Es muy cierto que nos has hecho transitar por rutas inesperadas, a veces sórdidas y dolorosas. Pero cada día descubrimos que la vida está llena de matices, más allá del blanco y negro. Que eventos que nos pueden remecer en lo más profundo, consiguen sacar lo mejor de nosotros mismos y despertar ese talento de dioses, hechos para crear y construir nuestro futuro.

Estimado 2011, no te juzgo. Así como no quiero juzgarme a mí misma ni a mi vecino. Como dice Miguel Ruiz, en “Los Cuatro Acuerdos”, estamos tan domesticados que nuestro “Libro de la Ley” nos está permanentemente diciendo si somos chicos buenos o malos. Y si somos malos surge el miedo. Respetado 2011, quiero decirte que hiciste una importante contribución para que sintiéramos menos miedo. Una buena manera de explicarte esto último, es compararlo con el temor a perder un avión; cuando ya has perdido uno (o dos) ya sabes que no pasa nada. Cuando te enfrentas a pérdidas mayores, también. Sabes que sufres, que tienes pena, que a menudo te puedes sentir solo o desvalido. Pero descubres también que eres un sobreviviente y que como el fénix, eres capaz de renacer de las cenizas y ser mejor y un poco más sabio que antes.

Y en el balance de tus días ojalá que cada ser humano sea benevolente contigo y consigo mismo. Pues así como nos equivocamos, aprendemos. Y si nos quedaron metas por realizar o buenos propósitos, nuevamente, no juzgarnos, sino retomar el curso y perseverar.

Llegaste cargado de “eventos de destino”, como llama Fernando Malkún a esos acontecimientos que vienen a remecer al colectivo, pero al mismo tiempo a despertar en los hombres sentimientos como la compasión y el amor incondicional. Esos eventos, queridísimo 2011, fueron tu aporte más sustancioso. Gracias a ellos hoy podemos despedirte y contarte que no estamos perdidos, sino sólo conociendo la ruta de la vida un poco más.

Dedico esta carta al año 2011 y a todas mis amigas y amigos que se vieron remecidos y sobrevivieron. Gracias por la prueba, por la fortaleza y la grandeza humana.

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