Juegos tradicionales, gran opción para los niños

Los juegos simples y clásicos aún están vigentes y pueden resultar muy motivadores para los pequeños. Jugar a la escondida, al elástico o a la cuerda, entre otros, garantizan sana y económica diversión.

La primavera ya se instaló en nuestro país y de inmediato las plazas comienzan a colmarse de pequeños ansiosos por botar las energías acumuladas durante el año.

Como comenté en uno de los primeros artículos, las plazas y parques son fuente de entretención segura y contenida para los niños. Pero no sólo las plazas, los patios de las casas o espacios semi abiertos en condominios de edificios, permiten administrar el ocio infantil con el juego más tradicional y efectivo. Y de paso, les permite socializar vivencias inolvidables.

Aquí lo importante no es el juguete, sino que el juego. No están escritos en ningún libro especial ni se pueden comprar en ninguna juguetería.

Juegos tradicionales

Foto: El Mercurio

Las bolitas es uno de los juegos tradicionales que no pasan de moda.

Es cierto que hoy es un poco más difícil, sobre todo en ciudades donde las personas han ido perdiendo espacio en beneficio de los autos. Las actividades tradicionales como jugar al fútbol en algunos casos han cedido ante la irrupción de  los juegos online en frente de la pantalla de un computador.

Pero no es excusa para intentarlo.

La pinta, la escondida, el elástico, la pichanga, la gallinita ciega, las bolitas y un largo etcétera

incluyen una cultura de juego que enseña a los niños a respetar normas, a organizarse, a respetar turnos, a aprender a tener amigos…

A simple vista estos juegos pueden parecer aburridos para los pequeños, pero si uno se involucra, la cosa cambia.

Los juegos tradicionales se realizan sin ayuda de juguetes tecnológicamente complejos, sino que con el propio cuerpo o con recursos disponibles en la naturaleza (arena, piedrecitas, hojas, flores, ramas, etc.) o entre objetos caseros (cuerdas, papeles, tablas, telas, hilos, botones, dedales, instrumentos reciclados procedentes de la cocina o de algún taller, especialmente de la costura).

Los juegos tradicionales, además, conllevan una serie de beneficios para tu hijo:

  • Implican algún grado de escenificación en el que los niños asumen roles diferentes, con mayor o menor grado de complejidad, de forma individual o formando equipos.
  • En muchos de ellos se someten a pruebas mentales en los que se ponen imaginariamente en diversas situaciones hipotéticas, en las que tienen que demostrar algún tipo de habilidad mental y la necesidad de considerar las decisiones ajenas -ponerse en el lugar del otro-, o han de realizar alguna elección o someterse a un proceso de eliminación.
    • Tienen reglas de fácil comprensión, memorización y acatamiento. Las reglas son negociables,
    • No requieren mucho material ni costo.
    • Son simples de compartir.
    • Practicables en cualquier momento y lugar.

Los juegos tradicionales siguen perdurando, pasando de generación en generación, transmitidos de abuelos a padres y de padres a hijos y así sucesivamente. En el camino han sufrido algunos cambios, pero mantienen su esencia.

Ellos son parte de nuestra vida y explican con claridad la capacidad de inventiva de nuestros abuelos. Es una buena instancia para que nuestros hijos conozcan a sus antepasados. A través de estos juegos podremos conocer historias propias y ajenas, acercando también generaciones.

La idea no es bloquear el juego pasivo que mantiene a los pequeños frente a la pantalla de un computador o televisor. Para nada. Tampoco que pretendas imponer los juegos de antaño como el gran antídoto al aburrimiento infantil.

Sólo es una buena manera de recordarnos nosotros y transmitirles a nuestros hijos que otrora la sencillez de la vida tenía valor y se manifestaba en momentos de honesta y justificada distracción.

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