Cartas a los Jonquières, de Cortázar, amistad y confesiones

Este libro reúne las cartas enviadas por el escritor argentino a su amigo Eduardo Jonquières desde 1950, cuando se radica en París, hasta el año 1983, pocos meses antes de su muerte.

Siempre hemos leído los libros de Julio Cortázar como el autor de grandes obras, pero ¿qué pasa si lo leemos en su rol de amigo?. Sobre todo nos sorprendemos, tomamos el lugar privilegiado del destinatario de estas cartas, gracias a Aurora Bernárdez, primera mujer del escritor, quien recopiló estas cartas para darle vida a este maravilloso libro.

Si bien este libro reúne sólo las cartas escritas por Cortázar, lo que podría verse como “un lado” de la correspondencia, es en realidad la puerta de entrada a la intimidad del escritor, a su vida cotidiana.

Julio Cortázar

Foto: El Mercurio

Eduardo Jonquières es uno de los amigos más cercanos de Cortázar, poeta y pintor, junto a María, su mujer, reciben estas cartas, que incluyen noticias de París, viajes, trabajo y en realidad, de todo un poco. Es notable, en una de las primeras cartas fechada en 1952, cómo Cortázar le cuenta a María sobre los cronopios “me nacieron estos bichitos” escribe el argentino, y diez años después, se publica el libro Historias de cronopios y de famas. Cómo dan vuelta los cronopios en las cartas de Cortázar es simplemente maravilloso, con un tono simple y lúdico, olvidándose del gran escritor e intelectual que es realmente.

Las referencias que hacer Cortázar en sus cartas a sus propias creaciones lo hace en un tono cotidiano, casi anecdótico, nos enteramos que el cuento “La noche boca arriba” está inspirado en un accidente en moto que sufre el mismo Cortázar en París.

Además de mil anécdotas, en estas cartas podemos sentir la cotidianeidad, lo doméstico de la vida de Cortázar en París, incluso a veces los problemas de dinero que atraviesa,  su trabajo de traductor en la Unesco, Unasco, como escribe él y también el arduo trabajo que fue para él traducir la obra de Edgar Allan Poe al español, un desafío intelectual que en una de las cartas, así describe Cortázar  el nivel de dificultad “…pero Poe se ha propuesto escribir conmigo su mejor cuento fantástico, el del escritor que no se deja traducir del todo”. Pasado el tiempo, y terminada la tarea de traducir a Poe, Cortázar analiza su experiencia “Traducir a Poe es una gran experiencia, y me ha divertido mucho”.

Los viajes que realiza Cortázar por los países de Europa, sus viajes a India y a Cuba entre otros, son descritos de una manera ágil y realista, al igual que su descubrimiento de las calles de París a su llegada y las largas jornadas que pasa en el museo del Louvre , que relata a sus amigos Jonquières con un detalle que nos traslada a esos momentos.

Llama la atención, que siendo Cortázar tan cercano con los Jonquiéres, y tan cariñoso -sus cartas siempre comienzan con un “Querido Eduardo” y las despedidas son llenas de abrazos y cariños-, es que sea tan discreto sobre su vida amorosa. Cuando contrae matrimonio con Aurora, este hecho ocupa sólo dos líneas en una carta “Además les doy la noticia de que Aurora y yo incurrimos en matrimonio hace dos días”, si bien Aurora ya se había convertido en la compañera de Cortázar, no hay mayores detalles de su relación ni de su ruptura años después, como tampoco hay mayor información sobre Carol Dunlop, escritora canadiense y segunda mujer de Cortázar.

En Cartas a los Jonquières encontramos traducciones, viajes, creaciones y aventuras, también la vida diaria que se refleja en estas cartas, que revelan la intimidad de este gran escritor.

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