“Festín de cuervos”: nuevos personajes, más tensión

En el cuarto tomo de Canción de Hielo y Fuego, George R.R. Martin deja de lado algunos personajes e introduce varios nuevos, en un libro que mantiene la tensión y emoción del lector.

Corría 2007 cuando George R. R. Martin finalizaba, tras siete años de espera, el cuarto tomo de su saga de fantasía: Canción de Hielo y Fuego. Sin embargo, en la editorial, al ver la cantidad de material que tenía el escritor, tomaron la decisión de separar la historia en dos tomos. El primero, que a la postre sería considerado la cuarta parte de la saga, se llamó “Festín de cuervos”, el que sería seguido por “A Dance with Dragons” en 2011.

Festín de cuervos

Gigamesh

Sin embargo, Martin decidió que la división entre ambas obras no sería convencional. Es así como “Festín de cuervos” narra lo que sucede en las vidas de sólo algunos de los personajes del amplio abanico que el autor ha creado en los distintos tomos.  En concreto, el libro se enfoca en lo que acontece en Desembarco del Rey, las tierras de los Ríos, el Nido de Águilas, las Islas de Hierro y Braavos, entre otros.

Si bien esta selección es amplia e incluye a algunos de los personajes más tradicionales, deja fuera a otros fundamentales, que sólo vuelven a aparecer en “A Dance with Dragons”. La pregunta es si funciona. Veamos.

A medida que se avanza en el libro, el lector deja de extrañar a los personajes ausentes para centrarse en la fantástica narración que hace Martin. Esto sucede, principalmente, porque el autor ahonda en características, conflictos y rasgos de los personajes que no habíamos visto hasta este momento.

Esto sucede incluso con personajes hasta ahora muy conocidos y seguidos por el lector. Jaime sorprende en cada capítulo que protagoniza, Cersei muestra su lado más vulnerable y Sansa y Arya casi parecen personajes nuevos, construidos nuevamente por la pluma maestra de Martin.

En “Festín de cuervos” destaca también la gran cantidad de personajes nuevos que presenta la narración. El lector penetra a fondo en las particularidades de las Islas de Hierra y Dorne, donde sus habitantes son absolutamente diferentes al resto, pero tanto o más atractivos que los que ya conocíamos.

En este contexto, este cuarto tomo amplía el ya inmenso mundo de Canción de Hielo y Fuego. Así, el lector no echa de menos a los personajes que no están.

Es quizás en el desarrollo de la trama donde “Festín de cuervos” puede quedarse un poco atrás, especialmente si se lo compara con su predecesor: “Tormenta de espadas”. El tono es bastante introductorio, muy similar al que se usa en “Juego de tronos”. Se percibe que las intrigas y problemas están por llegar, pero no lo hacen hasta el final del libro. En concreto, la trama avanza poco en el contexto general de la saga, dejando al lector con ganas de más. Quizás con demasiadas ganas para tratarse de un cuarto tomo. De todas formas, es una lectura absolutamente imperdible para los amantes del género.

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