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“Chino Ríos”: Las historias de sus escándalos que coparon la prensa en los 90′

Marcelo Ríos no hacía gran cosa para caerle bien a la gente. Todo lo contrario. Este es un recuento de los hechos más polémicos que protagonizó.

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La personalidad del “Chino” Ríos llamó la atención desde sus comienzos y sus ocasionales salidas de madre fueron una constante en toda su carrera. Cuando estaba en lo más alto de su fama patentó su célebre frase “no estoy ni ahí”, para graficar su indiferencia ante todo y que se convertiría en una especie de lema para gran parte de la juventud más apática. Por esa época Ríos declaraba que “no soy antipático, pero mi personalidad es diferente al común de los chilenos. Ellos son habitualmente callados y quedados. El problema es que la gente no acepta que uno sea distinto”.

El problema es que el mismo Marcelo Ríos no hacía gran cosa para caerle bien a la gente. Cuando disputó el torneo de Wimbledon en Inglaterra, torneo que se juega en canchas de césped, se ganó el odio de los organizadores y de los ingleses cuando aseguró que “aunque gane varios partidos, creo que el pasto es para las vacas”. En un torneo de Los Ángeles de 1997 sería descalificado y multado con 5.000 dólares por decirle «fuck you» («jódete») al árbitro del encuentro. En un confuso incidente que al parecer era “una broma”, que por cierto hizo las delicias de la prensa nacional, atropelló a su preparador físico Manuel Astorga, dejándolo gravemente lesionado en un pie. Astorga, después de recuperarse, sería despedido de su puesto. Durante un torneo que se disputó en Estados Unidos, al toparse con la tenista serbia Monica Seles, que al parecer le obstruía el paso, el Chino le habría dicho en perfecto inglés «Move your fat ass» («mueve tu gordo trasero»).

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En 1998 sería multado con 10 mil dólares por manejar a exceso de velocidad durante el torneo de Sttutgart. Cuando alcanzó el N°1 del ranking ATP un reportero le hizo una pregunta intentando comparar sus logros con los de otro destacado tenista latinoamericano, el argentino Guillermo Vilas, cuya mejor ubicación en el ranking de la ATP había sido el número 2, a lo que Marcelo Ríos contestó: “Muchos insisten en compararme con Guillermo Vilas, pero la verdad es que a Vilas no lo conozco. Sólo sé que él fue N°2 y yo soy N°1”. En los Juegos Olímpicos de Sidney 2000 se negó a llevar el estandarte de la delegación nacional, aduciendo que sus padres no habían sido invitados a la ceremonia de inauguración. Y en el prestigioso torneo de Roland Garros obtuvo varias veces el premio Limón al jugador más antipático. Todavía son recordados, de hecho, sus partidos con el tenista norteamericano Jeff Tarango, otro deportista conocido por su mal carácter. Los periodistas especializados aseguraban que ese partido de tenis era único en su tipo por que enfrentaba a “los dos tenistas más insoportables del circuito”.

Sobre su particular personalidad, Ríos diría en el año 2014 que posiblemente se debía a que padecía de síndrome de Asperger, una forma leve de autismo. “Una vez busqué mi nombre en Google y vi que estaba asociado a un término conocido como la enfermedad de Asperger. Después de leer el artículo, creo que soy Asperger, porque de 70 síntomas que salen mencionados, me siento identificado con 69”, aseguró.

Vida personal poco tranquila

La vida personal y afectiva del “Chino”, por otra parte, tampoco fue precisamente tranquila. Giulana Sotela, su novia oficial, terminó con él luego que una revista francesa publicara una foto suya mientras coqueteaba con una bella joven francesa en una discoteque de París, justo después de terminar un torneo en esa ciudad. El “Chino”, acompañado de su preparador físico, le pidió disculpas públicas en una conferencia de prensa antes de comenzar a sollozar frente a las cámaras de televisión. Después que Giuliana lo perdonara, ambos terminaron casándose, pero el matrimonio, del cual nació la pequeña Constanza, terminaría años más tarde en divorcio.

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El “Chino” se volvería a casar en el año 2005 con la modelo chilena María Eugenia Larraín, tristemente famosa en nuestro país por haber dejado plantado el año anterior (días antes del matrimonio) al futbolista Iván Zamorano. Esta relación sólo duraría cinco meses y terminaría con un escandaloso quiebre. Luego de pasar unas vacaciones en Centroamérica, lugar donde tuvieron una pelea donde habrían habido varios golpes, María Eugenia Larraín voló de regreso a Chile. Sabiendo que en el aeropuerto la esperaba toda la prensa rosa del país, apareció sentada en una silla de ruedas, con un vistoso cuello ortopédico y el pantalón de su buzo subido hasta las rodillas para que los periodistas pudieran ver los supuestos moretones que Ríos le había dejado como consecuencia de la pelea. El “Chino”, al enterarse de lo sucedido, dijo desde CentroAmérica que lo que había hecho Larraín “no tenía perdón de Dios”. Posteriormente se divorciaría de inmediato de la polémica modelo, asegurando que casarse con ella había sido “el peor error de mi vida”.

Actualmente el “Chino” está felizmente casado con la relacionadora pública Paula Pavic, con quien tiene cinco hijos. Además de administrar sus finanzas, es uno de los capitanes del equipo chileno de Copa Davis junto a Nicolás Massú, un cargo a todas luces merecido, especialmente tomando en cuenta su tremendos logros deportivos, los mismos que la prensa deportiva especializada tendría en cuenta para elegirlo como “el deportista chileno más destacado del siglo XX”.

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