Asesinos seriales: El algoritmo matemático para capturarlos

Pocos conocen un algoritmo matemático que desarrolló hace más de una década el Doctor en Criminología Kim Rossmo.

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Uno de los pasajes más memorables de la saga de Sherlock Holmes ocurre en el momento en que el gran detective se encuentra por primera vez con el que resultará ser su compañero de aventuras, el Dr. Watson. En ese momento deduce de la simple observación de Watson una cantidad impresionante de detalles de su vida.  “Elemental mi querido Watson” es una frase que está en el inconsciente colectivo de muchos. Esta técnica de deducción o “profiling” es una técnica muy utilizada por las fuerzas del orden para localizar criminales. El profiling es un vocablo popular y conocido  en nuestra sociedad por la gran cantidad de series de televisión que han surgido en torno a estos temas.

Sin embargo, pocos conocen un algoritmo matemático que desarrolló hace más de una década el Doctor en Criminología Kim Rossmo, en esa época detective del Departamento de policía de Vancouver. Esta técnica se llama profiling geoespacial y se basa en un modelo matemáticamente sencillo que se conoce como la Fórmula de Rossmo. Esto fue desarrollado originalmente para  localizar la residencia o centro de operaciones de asesinos seriales. En 1998 su análisis permitió concluir que había un asesino serial detrás de las muertes de varias trabajadoras sexuales que finalmente llevó a la detención y condena de Robert Pickton en 2002.

Asesinos seriales

Foto: El Mercurio

Por desgracia, sus técnicas análiticas generaron resistencia entre sus colegas, lo que atrasó su investigación permitiendo que esta criminal cometiera varios crímenes en el intertanto. De hecho esto causó su partida en 2001 a Washington DC y actualmente se desempeña en la Universidad de Texas como Endowed Chair en Criminología y es director del Centro para Inteligencia e Investigación

Esta idea fue la que apareció en el capítulo piloto de la Serie “Numb3rs” y ha aparecido en algunos capítulos de “La Ley y el Orden”.

Las más sorprendente es que las aplicaciones de esta técnica fuera del mundo de la criminología no dejan de surgir. Por ejemplo ha sido utilizada para estudiar los hábitos de las abejas y los murciélagos. Uno de sus últimos logros, que fue publicado en el “Journal of Zoology”, fue el estudio de los patrones de caza del gran tiburón blanco que es conocido por no tener un coto de caza o un centro de operaciones definido.

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