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Cuesta Lo Prado-María Pinto: Entrenamiento mixto para mountainbike

Un lugar muy exigente y diverso para entrenar Mountainbike ofrece el sector de La Cuesta Lo Prado y María Pinto, ya sea por sus terrenos, sus ascesos y descensos, y el paisaje que recorre.

La mejor época para entrenar en mountainbike en el sector de la Cuesta Lo Prado, a la salida de Santiago por la ruta 68, antes del peaje, es en primavera y otoño, y esto es porque el calor del verano y el frío del invierno hacen que el lugar no sea muy agradable en otras estaciones del año.

Para llegar a la cuesta hay dos alternativas: La primera es dejar el auto en uno de los tantos servicentros que hay en la autopista, lo mejor es hacerlo en la que está pasado la entrada a la laguna Carén, ya que así el tramo que hay que pedalear por la berma es más corto, lo que evita los riesgos de accidente y la eventual sanción por andar en bicicleta en un lugar no permitido.

Cuesta Lo Prado

Foto: El Mercurio

Hay muchos senderos que llevan a diferentes sectores del cerro.

La segunda opción, la más segura por cierto, es avanzar con el auto hasta el desvío a la cuesta y dejarlo estacionado en la berma, a la salida de la autopista. Hace unos años, este sector de Santiago ofrecía la oportunidad de pedalear sobre caminos de tierra, en exigentes condiciones y subir una cuesta de seis kilómetros.

Sin embargo, la modernidad llega a todas partes y las autoridades decidieron pavimentar el primer tramo de la subida, hasta la cima, lo que convirtió el entrenamiento de esta primera parte en un paseo, no sólo para los que que utilizamos las bicicletas de montaña, sino que también para los ruteros.

Una vez recorridos los primeros seis kilómetros de la cuesta pavimentada, existen tres opciones a seguir: La más extrema y difícil es seguir subiendo, por un caminos de tierra, muy empinado, hasta las antenas de celular, son pocos kilómetros, pero dejan sin aliento a cualquiera.

Lo recomiendo, pero sólo para expertos o los que quieran probarse. Si no se atreve, puede seguir por un sendero, que sale a mano izquierda, y hacer unos kilómetros muy entretenidos y para nada difíciles, lo que sí es recomendable, es hacer este camino acompañado por alguien que conozca el sector, pues hay muchos senderos que llevan a diferentes sectores del cerro, por lo que podría ser fácil perderse si no se tiene el conocimiento necesario.

Y finalmente, la alternativa que yo propongo es bajar la cuesta, que por el otro lado no está pavimentada y llegar hasta el cruce a María Pinto. Son ocho kilómetros de cuesta en descenso, con camino de tierra, que terminan en una casa grande que da justo al camino. Desde allí se sigue por la única vía, que es muy poco transitada por autos y por otros ciclistas. Sin embargo, poco a poco comienzan a aparecer las casas de campo, los perros en el camino, las gallinas con sus pollitos, los olores a vacas, etc.

Al llegar al cruce de María Pinto, se vuelve nuevamente a retomar el camino pavimentado y se comienza un entrenamiento de fondo, lo que significa que se puede mantener un ritmo fuerte, que es mejor aprovechado si uno va en un grupo, ya que cada uno puede ir turnándose el primer lugar, lo que le da movilidad y exigencia a nuestro entrenamiento.

Durante este recorrido, hay también pequeños desniveles que hacen más interesante el lugar. Una vez que llegamos a la plaza de María Pinto, podemos parar, elongar e hidratarnos, para luego comenzar el regreso. De esta etapa, sin duda lo más difícil es subir la cuesta Lo Prado durante esos ocho kilómetros de camino de tierra. Pero una vez que se logra y se llega a la parte alta, la satisfacción es enorme.

Desde allí, la bajada es agradable, rápida y por camino pavimentado. Un entrenamiento que une diferentes tipos de terreno, paisaje y exigencias, ideal para un fin de semana con varias horas libres.

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