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Subir el San Cristóbal: Corto, pero intenso

Para los más adelantados puede resultar sencillo, pero otros necesitan saber datos y recomendaciones que entregamos en este artículo.

Cuando comencé a enamorarme de la bicicleta y a entrenar de manera más regular y sistemática, tuve que buscar un lugar donde poner a prueba mi resistencia física y, para ser sincera, en Santiago no existen muchos sitios para practicar este deporte de manera segura, por lo que la mejor opción era subir el cerro San Cristóbal.

San Cristóbal

Foto: El Mercurio

Para los que cumplen el desafío y llegan a la cima del San Cristóbal, los espera una gran vista de Santiago.

Todos los fines de semana, desde muy temprano, este pulmón verde de la capital se llena de ciclistas entusiastas, familias en busca de recreación y turistas deseosos de ver la ciudad desde lo alto (siempre que no haya esmog).

Mi opción siempre ha sido subir por Pedro de Valdivia Norte, donde se junta gran cantidad de deportistas con todo tipo de bicicletas y de todas las edades y sexos. En ese sector hay baños, estacionamientos (si la opción es ir en auto y luego subirse a la bici) y agua potable para cargar las caramagiolas (botellas con agua para ciclistas).

El pedaleo comienza intenso desde el principio, la pendiente cede sólo algunos metros y debo reconocer que, las primeras veces que subía, obligatoriamente paraba a descansar a un costado de la Piscina Tupahue. Ahí me hidrataba y tomaba aliento para llegar hasta la Virgen.

Durante los cerca de seis kilómetros que dura el paseo no es difícil que a uno lo pasen ciclistas más avezados que avanzan muy rápido por el cemento. También hay que tener cuidado con los automóviles que a veces pasan muy cerca.

Al llegar a la meta, que es a los pies de la Virgen, no se puede dejar de tomar un rico, heladito, dulce y tradicional mote con huesillos en alguno de los kioscos que hay en el lugar. Allí se junta una gran cantidad de ciclistas a conversar, intercambiar experiencias y a descansar.

Al bajar hay que tener máxima precaución pues la bicicleta puede alcanzar gran velocidad, que en sectores, sin aplicar freno, llega a los 40 ó 50 kilómetros por hora. Y entre los autos, los peatones, las mascotas y los otros ciclistas, la bajada puede convertirse en un peligro.

Los más deportistas una vez que llegan abajo vuelven a subir y así, al menos, un par de veces para completar unos buenos kilómetros.

Y aunque cuando uno adquiere cierta experiencia sobre la bicicleta, el entrenamiento en el San Cristóbal se ve como algo simple y sin mucha gracia, quiero compartir con ustedes una anécdota que me ocurrió hace muchos años con una amigo que quiso acompañarme, sin mayor entrenamiento, a subir el cerro.

Le pregunté si andaba en bicicleta habitualmente, y me contestó que “por supuesto”. Así las cosas nos fuimos pedaleando hasta Pedro de Valdivia y comenzamos el ascenso.

Cerro San Cristóbal

Foto: EL Mercurio

Pedalear en el San Cristóbal puede ser una actividad para compartir en familia.

Grande fue mi sorpresa cuando me pidió que por favor paráramos en el sector de la piscina Tupahue, allí se tendió en el pasto, se tomó la cabeza con las manos y me dijo que se sentía mal, muy mal, que sentía taquicardias y cosas parecidas.

Me asusté mucho, así que decidimos bajar. Pero como se sentía tan mal chocamos sin querer nuestras bicicletas y con tan mala suerte que se cayó golpeándose muy fuerte en la mano, que comenzó a sangrar.

Tuvimos que llamar a su mamá para que llegara a rescatarlo, subiera la bicicleta al auto y se lo llevara de urgencia a la clínica… terminó con la mano vendada y sin ganas de saber de la bici por un tiempo.

Con esto quiero graficar que aunque muchos lo vean como algo fácil, subir el San Cristóbal en bicicleta requiere de entrenamiento. No lo recomiendo para alguien que no haga actividad física regular y menos para los que recién se inician en el mountainbike.

Hay que partir de a poco y no mirar en menos ningún lugar de entrenamiento. Por eso, cuando alguien le pregunte ¿dónde andas en bicicleta? Pueda responder con dignidad y con la cabeza en alto, “Subo el cerro San Cristóbal, ¿y qué?”.

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