La “Casa de Recogidas”: La espeluznante y triste historia del lugar para redimir mujeres
Guía de: Mujer
- Alejandra Lizana
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En la época de la colonia, cuando una mujer se salía de las costumbres o insultaba con su conducta el decoro tenía un lugar donde podía ser “recibida”: “La Casa de Recogidas”.
Se trataba de un edificio que había visto la luz a inicios del siglo XVIII, luego que fray Diego de Humanzoro, en medio de su lucha en pos de la moralización de las costumbres y freno de las iniquidades, decidiera crear: “ el remedio de los pecados públicos de esta Ciudad, i en especial del de la deshonestidad de las mujeres de mal vivir…”.
Así expuso en una carta al rey, fechada el 4 de marzo de 1672, la necesidad de la construcción de una Casa de Recogidas. Para el religioso, el lugar escogido era el que en principio se había dispuesto para el Monasterio de las monjas de Santa Clara, cuya fundación se había visto entrabada por diferentes circunstancias. Sin embargo, la idea no prosperó.
Fue en junio de 1697 cuando el cabildo y la Real Audiencia vieron el tema y decidieron ubicarla en las afueras de la ciudad, puntualmente en los faldeos del Cerro Santa Lucía, donde hoy sestá la plaza Vicuña Mackenna.
Inaugurada en enero de 1737 a ese lugar iban mujeres que padecían enfermedades psiquiátricas, las que que eran consideradas de “mal vivir”, esposas infieles, hijas indomables y cualquier otra fémina que se escapara de los cánones impuesto por la época.
Así llegaron a aquel edificio, prostitutas, amancebadas, adúlteras, sospechosas de brujería, etc. Provenían de todos los rincones del Reino y fueron encerradas en la Casa de Recogidas de Santiago, la que dependía administrativamente de la vice-parroquia de Ñuñoa a la cual pertenecía el capellán a cargo del lugar.
Para llegar a ella, la verdad que el camino era bastante simple, según relata Patricia Peña González en “la casa de las recogidas: un hospital de Almas”.
Según la autora de diversas investigaciones al respecto, no se necesitaba una audiencia Real, sumaria, ni siquiera un juicio para llevar a una mujer ahí, sino que bastaba con que pareciera que la señora fuera alguien de “mal vivir”. O bien, a los ojos de otros, se designara como “digna de recogimiento y reclusión”, como versaba el documento fundacional de la entidad.
Ahora bien, no era la única casa de este tipo en latinoamerica, en 1602 se inauguró una en Lima y en Buenos Aires también hubo una Casa de Recogidas de la cual se cuentan espeluznantes historias.
La Casa de Recogidas funcionó hasta 1818 año en que entró en funciones la Casa de Corrección, que a diferencia de su antecesora fue ideada por el regidor Rafael Beltrán y su socio Pedro Antonio Casanova, quienes utilizaban las mujeres recluidas como obreras en su fábrica de cañamo y lana.
Así fue como en un supuesto paso a la modernidad, que buscaba acabar con la mala fama de la Casa de Recogidas, en la Casa de Corrección ya no bastaba el aislamiento y la oración para alcanzar la conversión: el trabajo era fundamental.
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