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Maquillaje permanente; Estudio estadounidense advierte sobre los riesgos de esta práctica

La Northwestern University encontró que algunos pigmentos pueden desencadenar reacciones alérgicas difíciles de tratar.

Guía de: Mujer

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Hay una frase que casi todas las personas que se realizan maquillaje permanente escuchan antes del procedimiento: “Es seguro, lo usan miles de personas”. En términos generales, es cierto. Sin embargo, un estudio publicado en el Journal of the American Academy of Dermatology vino a matizar esa certeza con una pregunta incómoda: ¿seguro para quién?

El equipo de la Northwestern University, en Chicago, revisó 974 tintas de maquillaje permanente de 25 marcas disponibles en el mercado estadounidense. Identificó 79 pigmentos únicos, con un promedio de cuatro pigmentos por producto. La mayoría eran compuestos orgánicos, similares a los utilizados en colorantes industriales y textiles. El 25% restante correspondía a metales inorgánicos, entre ellos hierro, cromo, manganeso y aluminio.

De esos 79 pigmentos, diez estaban asociados en la literatura médica con casos de dermatitis alérgica de contacto. Los colores con más antecedentes problemáticos fueron los rojos, naranjas y amarillos, seguidos por ciertos pigmentos azules, verdes y negros. No representan la mayoría, pero tampoco constituyen una rareza estadística.

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Aquí es donde el panorama se complica. La prueba habitual para detectar alergias a sustancias aplicadas sobre la piel -el test de parche- no funciona bien con los pigmentos utilizados en tatuajes y maquillaje permanente. La razón es técnica, pero tiene consecuencias prácticas: estos pigmentos se depositan en la dermis profunda, no en la superficie de la piel, y aplicarlos de forma intradérmica para evaluar una posible alergia podría provocar, paradójicamente, un tatuaje permanente en el sitio de la prueba.

Los investigadores señalan, además, que muchas reacciones alérgicas no aparecen inmediatamente después del procedimiento. Con el tiempo, los pigmentos pueden degradarse por efecto de la exposición solar, tratamientos láser o el propio metabolismo cutáneo, transformándose en moléculas distintas que el sistema inmunológico reconoce como una amenaza meses o incluso años más tarde. En otras palabras, una persona puede tolerar perfectamente el procedimiento inicial y desarrollar una reacción alérgica mucho tiempo después, sin que exista un desencadenante evidente.

Los propios autores del estudio describen la dermatitis de contacto causada por tintas de tatuaje como una condición “notoriamente difícil de tratar”. Las alternativas terapéuticas van desde corticosteroides tópicos hasta inmunomoduladores sistémicos en los casos más graves. Cuando la reacción persiste, la única opción puede ser la remoción del maquillaje permanente, un procedimiento que no siempre es posible y cuyos resultados no son necesariamente completos.

Las conclusiones del análisis también apuntan a una limitación estructural del mercado. Treinta y dos de las marcas identificadas no proporcionaron hojas de datos de seguridad completas, lo que significa que ni los consumidores ni los dermatólogos disponen de información suficiente sobre la composición exacta de los productos que se inyectan en la piel.

En definitiva, como ocurre con muchas tecnologías y procedimientos médicos o estéticos, el maquillaje permanente no es peligroso en sí mismo. Sin embargo, la industria que lo rodea sigue operando con un nivel de opacidad que, a la luz de la investigación  de la Northwestern University, resulta cada vez más difícil de justificar.

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