Alan McGee: Creation Stories; Riots, Raves and Running a Label (2014)

Si nos dejamos llevar tranquilamente, sin querer juzgar todo como detectives en medio de una escena del crimen, garantizo diversión y anécdotas al por mayor.

Guía de: Música Indie

 

La música ciertamente se ha expandido más allá de sus fronteras como mera entidad convocadora; ella ha sido tema fundamental en diversos libros. Y, a veces, el tema se vuelve tan sobre sí mismo que podemos llegar incluso a esto: la autobiografía de un tipo que creó su propio sello independiente. Y un tema que pudiese ser tan extra musical (que, admitámoslo, un sello discográfico busca profitar de sus artistas, para bien o para mal) termina siendo un homenaje -un homenaje retorcido y brumoso- a la música, a la música entrañable, a la visceralidad.

Alan-McGeeDon Allan Mcgee se plasma en estas páginas sin tapujos ni contratiempos; no se siente particularmente orgulloso de todo lo hecho (el subtítulo de alborotos, fiestas interminables y administrar un sello todo en paralelo no es una gratuidad) pero eso le da una particular estirpe de veterano, de sobreviviente, de héroe a maltraer, pero héroe al final del día. El relato en primera persona no sólo se hace disfrutable en términos de sentir a una persona/personaje a tu lado, como quien te comenta cómo estuvo su día, si no que además permite hilarantes comentarios, y una serie de fraccionamientos, olvidos y digresiones que sólo hacen la narrativa aún más deseable.

Desde los comienzos de un Alan soñando con ser una estrella punk al viajar a Londres, el destello de saber que su verdadero interés en la música es llevar a cabo un riesgoso negocio de tener un sello propio, tocar la fama, caer, volver a tocar la gloria, volver a caer y todo ello espolvoreado por las más diversas drogas en las más interminables juergas tiene un brillo especial, de gema hallada al azar.

Para los que crecimos escuchando a The Jesus and Mary Chains o My Bloody Valentine (por nombrar un par) y escuchamos/leemos estas historias detrás de los discos y detrás de cada tocata que hacían; el cómo nace verdaderamente el noise pop o el shoegaze (“Nadie sabía usar la mesa de sonido así que sólo subieron los volúmenes al tope”, “No sabíamos si William Reid buscaba cómo bajar el amplificador o subirlo más”, “Kevin me pidió que me encargara de la mesa de sonido porque sabía que había consumido hongos”)

Y sí, es probable que las historias de Alan estén magnificadas y retocadas, que la realidad distorsionada que le tocó vivir le haya trastocado la capacidad de ver cada instante de manera objetiva y que , a la vez, estamos gobernados por su subjetiva visión; pero si nos dejamos llevar tranquilamente, sin querer juzgar todo como detectives en medio de una escena del crimen, garantizo diversión y anécdotas al por mayor.

Probablemente aparezca pronto (o ya exista) una edición traducida al Español (Los Españoles son los únicos que hablan nuestro idioma pero se preocupan de este tipo de música) pero, y sin querer desmerecer el gran trabajo de los traductores Españoles, leer este libro con “Hostias y Joder” declinaría su poderío, un poderío que guarda una relación intrínseca con la forma de narrar de Alan, esa forma barriobajera pero rica en información y recursos.

Un libro monstruoso, informativo, lleno de guiños, chistes internos y una gran gran cantidad de humor. Como nos gustaría que nos contaran la historia de las músicas que nos deleitan.

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