Au Revoir Simone en Santiago: Electropop con exceso de complacencia

Aún con esos elementos que podríamos calificar de negativos, Au Revoir Simone cumplió lo que promete: ese electro pop tan melancólico, tan de voz baja.

Guía de: Música Indie

El debut del trío de bellas chicas de Boston en nuestro país se produjo con algunos altibajos que no necesariamente corrían por cuenta de la banda (que, la verdad sea dicha, se comportó como lo que esperábamos debía ser un show de Au Revoir Simone y poco más): Un día miércoles, mitad de semana, 10 de la noche; un público lejano a ser numeroso –y que, benefactoriamente, le entregó a Au Revoir Simone un contexto más propio de lo que, uno imagina, desean realizar ellas: una suerte de pop de habitación, esa música que te acompaña cuando estás echado en tu cama contando las grietas de la pared- y una cierta, leve apatía del público y de ellas mismas a veces, a veces.

Au Revoir Simone

Aún con esos elementos que podríamos calificar de negativos, Au Revoir Simone cumplió lo que promete: ese electro pop tan melancólico, tan de voz baja (hubieron muchos momentos donde la máquina de humo o las botellas que se recogían o caían cada cierto tiempo sonaban casi más fuerte que la música de las chicas), y tan sobre todo de esa etiqueta que le quiere pegar la crítica, a la fuerza, de dream pop. No termina de cuajar en mi la idea que realmente quepan en esa etiqueta tan caprichosa como todas las etiquetas, pero estirando un poco su chicle imagino (sueño) que sí, que porqué no.

Au Revoir Simone no suena jamás a grupo amateur –vienen dando a conocer su obra desde antes del 2005- pero cuando uno las ve tocar siente esa suerte de amateurismo, de principiante, como una rareza: se miraban para ver si estaban tocando las mismas notas en sus sintetizadores (maravillas de Roland por todos lados) o se sonreían nerviosas cuando la máquina de ritmos no les daba el pulso adecuado.

Notar también la básica disposición de los parlantes: uno en medio, un par a los lados, y algunos monitores para ellas. No necesitan de más, y eso les sirve para no exponer demasiado la fragilidad de varias de sus composiciones. Mención aparte para sus canciones, con esas rítmicas de teclados que van jugueteando unos con otros hasta dar con un final melodioso. También me pareció que, desnudando su sonido hasta el paroxismo, me encontraría una especie de country pop muy bien cuidado.

Au Revoir Simone no fue –ni jamás pretendió ser- el recital donde tu pasión se desataría en una furia de gritos y electricidad. Hay una calmada forma de encontrarse con su música (necesaria y absoluta, la música de Au Revoir Simone apela justamente a un respirar calmo más que a desbocarse en la pista de baile, aunque algo de eso también hay) y eso, para bien o para mal,  se refleja fuertemente en sus presentaciones en vivo. Al menos, en ésta.

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