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Colombina Parra – “Otoño Negro”: Canciones impúdicas

Se presenta simple, diáfana, sin ser forzada y sin falsear nada, como con sus letras.

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El último álbum de Colombina Parra (que se suma sus 2 esfuerzos previos: “Flores Como Gatos” y “Detrás del Vidrio”) posee también esa carga de invasión a la privacidad, a saltar la cerca furtivamente y mirar por la ventana un paisaje propio, íntimo: retratos espontáneos de momentos personales pero comunes, altamente identificables e identificadores.

Lo primero en esta vuelta es que Colombina vuelve a despojarse de todo, o casi todo (ya no hay baterías ni casi sobregrabaciones ni instrumentos secundarios; y la guitarra acústica vuelve a tomar su rol principal, de puente absoluto). Es un disco antojadizo, lleno de canciones cuya grabación pareciera más obedecer a la comodidad con que se tocan más que a responder a ciertos estándares sonoros o de protocolos obvios sobre cómo grabar un disco apropiadamente.

La voz de la ex Ex se presenta simple, diáfana, sin ser forzada y sin falsear nada. Como con sus letras, la voz viaja no sólo como elemento de expresión, sino también de narración, de hilo conductor. Los tarareos y retrúecanos vocales no rellenan espacios: arman el espacio.

Pero también las partes instrumentales dejan entrever esa ilación compuesta. En “Cueca noise”, la guitarra parece asomar muchas ideas musicales a pesar que sólo es una gran idea llevada hasta su fin. Indica que cada rasgueo tiene su propia intención especial y que de ello se arma esa variedad sonora.

“Otoño Negro” (2015) es un disco que se presenta solo, en un vacío que llena él y sólo él. Habrán, ciertamente, otros discos de cantautores armados de guitarras acústicas y compartirán elementos comunes; pero acá hay una narración armada con un sello tan propio, tan reconocible, que es fácil de distinguir en cualquier pradera. Por llena que se encuentre.

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