Eleanor Friedberger y un pasado verano del 2010

“Last summer” es, ante todo, un disco de cantautora. No me refiero a la clásica imagen de la chica con su guitarra acústica tocando temas escritos por sus experiencias personales, aunque algo hay de ello.

Guía de: Música Indie

Ya desde que The Fiery Furnaces lanzara el lado B de su último disco “I’m going away” (2009) titulado “Take me round again” (2009) se armó una escisión entre los hermanitos Friedberger musicalmente hablando, y cómo no, esto derivaría en la primera entrega de la vocalista de una de las bandas más interesantes y retorcidas de estos días.

Eleanor-Friedberger

Foto: Agencias

“Last summer” es, ante todo, un disco de cantautora. No me refiero a la clásica imagen de la chica con su guitarra acústica tocando temas escritos por sus experiencias personales, aunque algo hay de ello. Este disco va más bien por un reencuentro esencial con situaciones vividas por Eleanor y transmutadas, rearmadas en canciones que guardan una nostalgia no aparcada, sino una especie de nostalgia viva; una imagen cuando el recuerdo es un instrumento para avanzar. Algo que se nota en canciones como “Owl’s Head Park” (“Sólo tomé una foto ese día; soy yo en la bici posando al lado de un Lamborghini blanco en la Avenida Manhattan” –de hecho la fotografía aparece dentro de la carátula del disco) o en “Roosevelt Island” (“Voy a dormir en el tren y despertar al lado del tipo que acostumbraba odiar, pero el sonido de su voz y el sonido de su risa me hacen querer volver a ser su amiga”) y más poética aún en “One-Month Marathon” (“Ella dijo, ‘voy a enrrollar la noche alrededor de tu cuello, cortar tu cabeza, papito. Desearía que fuéramos de nuevo los tres’. Desearía que fuera sólo tú, yo y ella”).

El otro lado de este disco va más por el lado de extrañas obsesiones que transforman las canciones en repetitivos mantras (o casi) alrededor de estos temas; como en “Inn of the Seventh Ray (“Me prometiste llevarme a la posada Seventh Ray. Esperé y esperé pero no, no rezaría”) o la aún más obsecada “Glitter Gold Year” (“Es un año brillante como el oro 2010, juro que lo es, 0 2 2 2 2 2 2 2 2 0 0 0 0 0 1 0, 1 0”).

La chica Friedberger tampoco abandona las reflexiones, pero termina sacando más dudas a flote que resoluciones, como en el tema que da el inicio “My Mistakes” (“Pensé que aprendería de mis errores, pensé que él aprendería de mis errores, pensé que ella me daría el consejo apropiado, pensé que él me dejaría entrar por la última vez”) y, al final, las convicciones quedan en una nube de duda (“I won’t fall apart on you tonight” – “No voy a desmoronarme por ti esta noche, pero no sé qué pudiera traer el mañana”).

El disco entra en el torrente auditivo como una buena nueva y se queda ahí, macerando sus mensajes y sus melodías adhesivas. Al menos fue lo que aconteció conmigo.

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