Festival En Órbita: Mixtura sin tapujos

La primera edición del Festival En Órbita estuvo regida por altibajos de la más diversa índole.

Guía de: Música Indie

 

Festival En Órbita

Primero, agradecer a esa institución de preocupación constante por la música como es SUPER45.

Después de algunas modificaciones de última hora (al bajarse Los Jaivas, Camila Moreno cambió su horario a uno más estelar siendo reemplazado ese vacío por los maestros de Aguaturbia) se dio por partida la primera edición del Festival En Órbita; un festival regido por altibajos de la más diversa índole.

Su primera parte (hasta digamos, 7 pm) se vió en su mayoría cubierta por una serie de bandas pretenciosas, imitadoras, carentes de originalidad, y , por sobre todo, inanimadas: la insuficiencia de alma suplida por otros elementos -la mayoría de ellos pirotécnicos o cabrioleros- no ocultaba lo medular: la carencia de un alma; esa cáscara pintada de manera casi rococó para ocultar una substancia vacía.

Pronto la cumbia psicodélica amazónica de Los Mirlos empezó a disipar la bruma: los años de circo les han forjado un espectáculo armado, fuerte y lleno de sabrosura. Muy pocos fueron los renuentes a una explosión verde de ritmo inconfundible y su pachanga de la selva hizo bailar hasta al menos apto para ello.

Punto aparte para Os Mutantes; cuando tomaron el escenario (en esa versión rejuvenecida) su psicodelia tropicálica pareció arremeter con todo: la artillería de canciones, solos, gritos, ritmos Brasileros y el inconfundible sello de estos monstruos sólo podía agradecerse como un regalo del cielo. Por momentos, 1968 era un lugar accesible.

Si eso ya nos había dejado en la esencia misma de los sesentas, ya con los chicos (es un decir) de The Sonics, la cosa viró hacia lo primigenio en sí: allí estaba el rock and roll, el rock, el hard rock, el heavy metal, el punk y lo que uno nombre sostenido en los hombros de estos garageros inextinguibles. Hicieron bramar la tierra como sólo ellos saben hacerlo y terminaron su ritual de invocación paleolítica con una versión de The Witch que parecía salida de un aquelarre satanista.

Si los 60′s no fueron la mejor década para la música popular, entonces no me interesa saber cuál es la mejor década para la música.

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